ࡱ> }z{|q` 0sbjbjqPqP :::يo*!!!8""\~"44"(""######D4F4F4F4F4F4F4$5h%8Dj4+##++j4##4:1:1:1+##D4:1+D4:1:134#" (i!/3D44043,i860i84i84<#RZ%:1'TV(###j4j40j###4++++D   NOTA: El formato del documento es para HOJA OFICIO (216 x 330 mm.). Sugerimos cambiarlo si se va a imprimir en papel con otras dimensiones. El arte de perdonar Quinto envo P. Juan Manuel Martn-Moreno Captulo 5 Nos am hasta el final San Juan comienza solemnemente la narracin de la ltima cena con estas palabras: <> (Jn 13,1); <> en un doble sentido, temporal (hasta el final de su vida) e intensivo (hasta el extremo, hasta el lmite de lo inconcebible). <>, haba dicho el mismo Seor (Jn 15,13); pero la ltima prueba del amor es morir precisamente por quienes no se muestran dignos de ese amor. <> (Rom 5,7-8). El Jueves Santo se conoce como dies traditionis, jugando con el doble sentido de la palabra traditio: entrega y traicin. Vale tanto decir el da de la entrega como el da de la traicin. Entrega y traicin tienen lugar el mismo da. El da que los hombres escogen para entregar y traicionar a Jess es el da escogido por l para entregarse por amor. Jess se nos entrega por amor en una atmsfera de traicin, en un clima de cansancio y de sueo, en una situacin difcil, mientras se espesan las sombras de las sospechas, de la maldad, de la vileza, del miedo <>. Cuanto ms se espesan las tinieblas, ms contrasta con ellas el brillo de la luz. Es la tcnica pictrica del claroscuro. En ningn momento de la historia de la humanidad el hombre ha mostrado mayor negrura que en los episodios que rodean la muerte de Cristo; en aquel inmenso naufragio nadie se salva: ni las autoridades polticas, ni los sacerdotes, ni los moralistas, ni los intelectuales, ni los hombres del pueblo, ni los amigos, ni los militares, ni los funcionarios El hombre muestra su faz ms odiosa. Uno llega casi a avergonzarse de ser hombre, de pertenecer a esa especie animal tan cobarde, tan hipcrita, tan cruel y taimada. Los que condenan a Jess no son siquiera <>, sino precisamente <>: hombres religiosos, sacerdotes y fariseos, hombres cultos y conocedores de la ley, autoridades oficiales, hombres piadosos Esto es lo que da de s aun lo mejor que tenemos en nuestra humanidad. Nadie se salva. O mejor dicho, slo se salva un hombre: Jess. Slo por l uno se siente orgulloso de ser hombre y pertenecer a esa humanidad donde floreci Jess. As en la Pasin el hombre muestra a la vez su rostro ms vil y su rostro ms radiante, en el mximo de la capacidad de ternura, entrega, abandono y perdn. Si es una vergenza pertenecer a la misma raza que produjo un Judas, un Caifs, un Pedro y un Pilato, es un orgullo muy grande pertenecer tambin a la misma raza de quien fue capaz de amar hasta el final. En nuestro libro sobre el perdn cristiano hay que dedicar un captulo a meditar cmo Jess muri perdonando. Es el ltimo punto de referencia, el motivo supremo para nuestros pequeos perdones. Jess tuvo que sufrir ya durante su vida el mayor cmulo de injurias e insultos. Sus adversarios recogieron todos los chismes, todas las palabras ms injuriantes para afrentarle. Le llamaron samaritano, que era uno de los peores insultos para un judo: <> (Jn 8,44). Le tacharon de hijo de mala madre. Segn muchos exegetas actuales corrieron rumores sobre el origen poco limpio de Jess. Entre los paganos se corri que haba sido hijo ilegtimo de un legionario romano, un tal Pantera. Quiz hay textos en el evangelio que se hacen eco de esta calumnia. Marcando diferencias con l, los judos le dirn: <> (Jn 8,41). Y tambin quizs con irona le preguntaban, como suele hacerse a personas de paternidad dudosa: <> (Jn 8,19). Marcos nota que a Jess le llaman <>, expresin inslito entre los judos; stos siempre conocan a una persona por el nombre del padre y reservan el nombre de la madre para el caso de hijos de madre soltera. Le despreciaron tenindole por paleto y pueblerino: <> (Jn 1,46). <> (Jn 7,42). Le llamaron eglatra, hombre engredo: <> (Jn 8,53). Le tacharon de blasfemo y por ello trataron de apedrearlo. Donde se acaban las razones, los hombres empiezan a pedradas: <> (Jn 10,33). Le tuvieron por endemoniado (Jn 8,48; 10,20), por loco (Jn 10,20); inclusive hasta sus propios familiares quisieron encerrarle en cierta ocasin pensando que estaba loco de atar (Mc 3,21). Le llamaron ignorante y le despreciaron porque no haba estudiado (Jn 7,15). Le trataron como a un pecador: <> (Jn 9, 25-31), un comiln y un borracho (Lc 7,34), un impostor y un falsario (Mt 27,63), y subrayaron el hecho de que se juntaba con malas compaas y con gentuza (Mt 11,19). En Mt 19,12 probablemente el Seor se hace eco de otro de los insultos que le dirigieron, y fue el de eunuco. El hecho de no haberse casado, cosa inslita entre los rabinos de su poca, fue un verdadero escndalo en su sociedad y no faltaron quienes le achacaron falta de virilidad. Frente a todos estos insultos Jess mostr una calma extraordinaria y una gran capacidad para encajar las criticas ms despiadadas y crueles. En todo momento se mostr seguro de su verdad y no permiti que la oposicin generalizada y los insultos le desanimasen o le volviesen agresivo. Jess no rehuy la incomodidad de ser persona incmoda para los dems, de ser un continuo incordio en la sociedad de su poca, y tuvo que pagar por ello un precio muy elevado. Sin embargo, esto no significa en absoluto que fuera insensible. Todo lo contrario; en los evangelios tenemos abundantes muestras de la gran sensibilidad que tuvo Jess para captar todos los rechazos. Se dio cuenta de los desaires de Simn el fariseo, que no le haba dado agua para sus pies, ni le haba dado el beso, ni ungi su cabeza con perfume (Lc 7,44-46). Sinti en su corazn la ingratitud de los nueve leprosos curados que no volvieron a darle las gracias. <> (Lc 17,17). Cuando muchos de sus discpulos se volvieron atrs y ya no andaban con l, Jess se entristeci y pregunt a los doce: <> (Jn 6,67). A los judos que toman piedras para matarle, les reprocha: <> (Jn 10,32). Este lenguaje lo recogern los improperios de la liturgia del Viernes Santo, inspirados en el profeta Miqueas: <> (cf Miq 6,3). A los discpulos les reprocha su cobarda con un acento triste: <> (Jn 16,32). A Jess le duele la incomprensin, la dureza de corazn de los suyos para entenderle: <> (Jn 14,9). Jess capta la desatencin de los fariseos, que protestan ante los clamores de sus discpulos de la entrada triunfal en Jerusaln. Sigue captando tantos silencios, tantas ausencias. <> (Lc 19,40). Es bien consciente de los que se avergenzan de l ante los hombres (Mc 8,38), de los que lo niegan ante los hombres (Mt 10,33). Quin podr analizar toda la carga de sentimiento que hay en la mirada del Seor a Pedro instantes despus que ste le negase tres veces? Sobriamente Lucas nos dice: <>. El evangelista nos permite a nosotros radiografiar esta mirada: reproche, ternura, compasin, aliento? Jess se queja de su soledad y abandono en el huerto, cuando los discpulos, ignorantes de todo lo que est pasando en su corazn a esa hora, duermen sin ms: <> (Mc 14,37). Ante el beso traidor de Judas, Jess se estremece y no puede por menos que insinuar la atrocidad de esa traicin: <> (Lc 22,48). A la bofetada del siervo de Ans, Jess responde mansamente: <> (Jn 18,23). Ciertamente el corazn de Jess era bien sensible hacia la desatencin, la ingratitud, la traicin, los insultos, los olvidos, las bofetadas, los besos traidores, las negaciones, los abandonos, los silencios. Bastan estos pocos pasajes para poner de manifiesto esa sensibilidad del Seor. La capacidad de perdonar no supone la insensibilidad ante la ofensa, sino la superacin de la ofensa mediante el amor. De la misma manera que el valor no significa ausencia de miedo (eso sera temeridad), sino la superacin del miedo. Por eso el Seor quiso dejarnos constancia de esos reproches y esas quejas, por otra parte tan consideradas. Reproches meramente insinuados, que nunca aplastan, sino que abren el camino hacia la conversin. Pero son muchas ms las veces en las que el Seor calla. Sobre todo a la hora de la Pasin llega la hora del silencio. Despus de haber dejado claro en sus reproches que era sensible a la ingratitud, decide callar. Basta haber hablado una vez. Basta una insinuacin; no hay que martillearla como un estribillo, como un tic nervioso que exaspere a los verdugos. Jess calla cuando le abandonan sus amigos, y cuando le atan y cuando le tiran de la barba, y cuando le calumnian, y cuando le pegan con un palo y le meten la cabeza en una bolsa. Jess calla cuando le visten y le desvisten como si fuera un mueco, y cuando se convierte en el hazmerrer de los guardias, que desahogan con l el mal humor de una noche en vela; y cuando los soldados le azotan y le ponen el trapo rojo y una caa cascada en su mano y se arrodillan ante l para decirle con sarcasmo: <> Jess calla cuando prefieren a Barrabs y cuando le catalogan entre los bandidos y ni siquiera encuentran un voluntario para ayudarle a llevar la cruz; y cuando le arrancan jirones de piel junto a los vestidos ya pegados a la costra de las heridas. Jess calla cuando enjambres de moscas ennegrecen los bordes de sus llagas y completamente desnudo queda expuesto a las miradas curiosas y observaciones procaces de los soldados. Jess calla cuando el calambre de los nervios de los pies y manos encogidos por los clavos le llevan al paroxismo del dolor. Y as muere, desnudo, abandonado, vendido, traicionado por sus amigos, despus de haber sido cruelmente torturado en las dependencias policiales y condenado ante todos los tribunales. Sin nadie junto a l para ofrecerle un gesto de amistad, sin ms beso que el de un traidor. El ltimo sabor de la vida que queda en sus labios es el del vinagre; el ltimo espectculo que contemplan sus ojos ya vidriados por la muerte es el de los puos alzados, los gritos de victoria y las burlas de quienes interpretan sus lamentos como una ridcula invocacin a Elas. Y al final un ltimo grito, despus de haber callado tanto; un grito estentreo, inarticulado, casi animal, que rasga las tinieblas recogiendo las ltimas energas de esa vida que se extingue. Marcos es el evangelista que ms ha subrayado la crueldad de los verdugos, la oscuridad y el silencio de Jess. En nada ha querido dulcificar el relato crudo y sobrecogedor. Estn ausentes en Marcos todos los otros motivos tiernos, edificantes, de Lucas y Juan. En la austeridad de su relato, en la ausencia de cualquier elemento milagroso o devocional, en su misma crudeza estilstica, consigue que no haya ninguna muerte humana, por cruel que sea, que no pueda mirarse en el espejo de la muerte de Jess; ni siquiera esas muertes tan absurdas en las que resulta difcil descubrir la ms mnima brizna de sentido o coherencia. Las tinieblas que rodean la cruz de Marcos son ms espesas que las de los otros evangelistas. Y su mismo estilo literario torturado est tan despojado y desnudo de artificios como el mismo cuerpo de Jess en la cruz. Es con esa imagen con la que tenemos que confrontar continuamente todas las ofensas que nos resulta imposible perdonar; las calumnias y marginaciones de que hayamos podido ser objeto; los desaires y desplantes, los olvidos y silencios, las largas esperas, las burlas y todas las bromas de mal gusto; aquel puesto que mereca y se lo dieron a otro por enchufe; aquel amigo que no supo guardarme el secreto; aquella persona que me deba tantos favores y me rechaz cuando necesitaba de ella Despus de hacer el recuento de todas las injurias de Jess, he de escuchar de sus labios el <> (Lc 23,34). Hasta ese punto lleg el perdn de Jess. La medida del amor viene dada por la capacidad de perdonar. Dicen que todo hombre tiene un precio: unos se venden por un milln, otros slo por mil millones; todo sera cuestin de ir aumentando el soborno hasta llegar al listn de cada uno. Dicen tambin que todo amor tiene un lmite, que viene dado por la cantidad de cosas que estaramos dispuestos a perdonar a la persona amada. <>. O sea, ah llega tu amor. Cul es tu lmite? Cul es el listn de lo que seras capaz de perdonar? Est en siete veces o setenta veces siete? Todo amor humano tiene un listn, tiene un lmite. Cul es el tuyo? Lo has alcanzado ya? Lo que se nos ofrece como espectculo de contemplacin en la cruz es el del nico amor humano que no tuvo ningn lmite, el de aquel que <> (Jn 13,1). Hemos descripto todas las injurias y desprecios que tuvo que sufrir Jess. Imposible pensar en un ser humano que haya tenido que sufrir ni una mnima parte de tanta humillacin. Y, sin embargo, en Jess el amor ha vencido. En Jess encontramos un corazn que, sometido a las presiones ms extremas, no se quiebra, no da lugar al odio o a la desesperacin, sino que sigue amando. Un corazn que <> (cf Rom 12,21). Dice San Juan Crisstomo: <>. Por eso la verdadera victoria no est tanto en la resurreccin cuanto en la misma cruz. La resurreccin no viene sino a poner de manifiesto la victoria lograda sobre la cruz, a reconocer el sentido de la pasin. <>. No podemos dividir el misterio pascual en dos etapas separadas: una horrible historia y un eplogo feliz. No se trata de un combate a dos <>, en el que Cristo habra perdido el primero en un momento de debilidad, para ganar luego el segundo y definitivo. No, la verdadera victoria est ya en la cruz, es all donde Jess da un grito vencedor: <> (Jn 19,30). El griego usa aqu la misma raz (telos) que se haba utilizado en el prlogo a la Pasin: <>, hasta el cumplimiento (Jn 13,1). El grito de Jess constata no meramente el cumplimiento de unas profecas, sino el cumplimiento del amor que llegando hasta el final no tiene ningn listn en su capacidad de perdonar. Verdaderamente <>. Todo esto lo ha expresado muy hermosamente el evangelio de san Juan. Slo l nos narra la Pasin en clave de victoria. Desde un punto de vista humano, cabra pensar que en la cruz se oculta Dios. El escndalo de la cruz esconde su poder. Pero si, como Juan, pensamos que la gloria de Dios consiste en su amor hasta el fin, su infinita capacidad para tolerar la ofensa, su riqueza de <> (amor y fidelidad), dnde mejor que en la cruz se revela la gloria de Dios? En la cruz Dios ya no se esconde, se revela. Y por eso puede decir el evangelista: <> (Jn 1,14). Es al pie de la cruz donde el evangelista ha sido testigo de esa gloria: <> (Jn 19,35). Es esa escena sobrecogedora del soldado blandiendo la lanza, queda atravesado el corazn de Jess. La respuesta que viene de lo alto no es un rayo de clera divina que deja fulminado al soldado. Al contrario, lo que sucede es que se rasga el corazn de Dios para revelarnos la dimensin de su amor, y se derrama sobre los hombres su misericordia. Slo las dimensiones de la ofensa dan la proporcin de las dimensiones del amor. La herida del corazn de Jess es como una rendija por donde se nos invita a contemplar las proporciones de su amor, su riqueza insondable (Ef 3,8), la anchura, la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo que desborda todo conocimiento (Ef 3,18,19). Pero hay algo ms. El evangelista no dice meramente <>, sino que aade: <> (Jn 1,16). La grandeza del amor de Dios en la cruz se nos ofrece no slo como un paisaje a contemplar, sino como una riqueza a compartir. La misma herida del costado que se nos presenta como rendija para asomarnos, es simultneamente una fuente por donde se desborda este amor y se comunica. Hemos contemplado y hemos recibido. Es precisamente contemplando como recibimos. Por eso, cada vez que la injuria sea tan grande como agote nuestra capacidad de perdonar y seguir amando, tenemos que situarnos ante este paisaje del corazn abierto de Jess, para recibir esa plenitud de amor fiel que se derrama sobre todos cuantos la contemplan. Y ahora ya no solamente Jess, sino otros muchos cristianos que han contemplado y recibido, se hacen capaces de amar hasta el final. Conocemos tantos ejemplos en la esposa burlada que acaba venciendo con su amor la infidelidad del marido, en el padre de los drogadictos que acaba venciendo con su amor el poder de la droga. Jess sigue venciendo el mal con el bien en tantos corazones que se obstinan en seguir amando y no sucumben ante el odio y el rencor.   Hoy todos conocemos los sufrimientos y padecimientos de Nuestro Divino Maestro en Su Pasin, qu nos ensea con Su actitud silenciosa frente al dolor? Cuando nos cueste perdonar alguna ofensa, qu imagen deberamos recordar? Cundo vencemos, segn San Juan Crisstomo? Qu significa que contemplando recibimos?  NOTA: El formato del documento es para HOJA OFICIO (216 x 330 mm.). Sugerimos cambiarlo si se va a imprimir en papel con otras dimensiones. Les sugerimos ver y meditar el film La Pasin de Mel Gibson. Perdonar y olvidar Autor: Padre Jos Luis Hernando Yo s que hay dolores que no se pueden olvidar. Si alguien le falta una mano, pues siempre la echar de menos. Pero hay muchos males que nos siguen doliendo aos y aos, no porque sean muy profundos, sino porque nosotros los alimentamos dndoles vueltas a la memoria. Hay quienes parecen disfrutar manteniendo abierta sus propias heridas y hasta se complacen en estarlas como hurgando o como lamiendo, en vez de curarlas. Eso y no otra cosa, es el resentimiento. Es un recalentamiento de la herida que nunca acaba de curar porque est siempre siendo nutrida por la ira. Parece que hay como cierto parecido entre herida e ira. Por eso esas personas, cuando alguien o alguien les pincha, revientan como un saco lleno de veneno y lanzan afuera dolores o cuestiones que todos han olvidado ya, menos ellos. Porque lo llevan dentro y cualquier cosita es como el pinchazo que hace que explote el globo venenoso que estn conteniendo en su interior. Y no hay cosa ms triste, que esta gente que es esclava de sus viejos rencores. En lugar de dedicarse a vivir, parece que su oficio fuera slo recordar y recordar slo lo pasado. Yo quisiera darles como unas razones para perdonar. La primera, pensar que el mejor remedio contra el mal es olvidarse de l. La segunda, porque lo que pas pues pas y puede enmendarse, pero no rehacerse. Y la tercera, y sta la tomo de Don Miguel de Unamuno, cuando l dice Hay que olvidar para vivir. Hay que hacer hueco, para lo venidero. Por favor, el alma de los seres humanos es muy chiquita. Si la vamos llenando de rencorcitos, pues la tendremos siempre llena y no podr surgir de ella ni un acto de amor. E incluso cuando alguien nos ame, no encontrar dentro de nosotros suficiente eco para responder con cario a ese amor que le estamos ofreciendo. Porque su alma est tan ocupada, tan agobiada, tan saturada de rencores, que no tiene espacio para el amor. No vale la pena, pensar un poquito en esto y ser ms generosos a la hora de perdonar. Y sobre todo, la ltima razn por la que Dios, adems de perdonar, olvida los pecados. Es porque tiene que dedicarse tanto a amar, que no tiene ni tiempo ni espacio para recordar el mal. Y si no, recuerden la historia con que comenc esta pequea charla. Tengan todos mucha paz y mucho bien. En la vida, constantemente afrontamos graves y dolorosos problemas los cuales resultan de nuestras relaciones con los dems. No hay hombre o mujer que no tenga heridas emocionales por haber sido ofendido. El tener que perdonar es toda una vivencia traumtica porque nos cuesta mucho trabajo, nos damos cuenta que es algo que no est en nosotros. Todos los das estamos en contacto con diferentes temperamentos y nimos, nuestro mismo temperamento vara muchas veces. Ello nos lleva a caer en habladuras, en juicios a priori, a murmurar y quejarnos. Las expresiones hirientes y las palabras duras son el comn denominador del diario vivir. Por esto es que tenemos pleitos, situaciones de tirantez y conflicto. Unas veces nos sentimos heridos y ofendidos, malentendidos o traicionados. Cada uno se considera una vctima y ninguno asume la culpa. El mundo est lleno de personas que van cargando con resentimientos, decepciones, rencores, frustraciones, ansiedades, odios, venganzas y sufrimientos. Nuestra responsabilidad frente al perdn es muy grande. Perdonar es poner en accin la voluntad, ms que los sentimientos. Somos responsables de los hechos, mucho ms si hemos ofendido, y mayor compromiso es pedir perdn como tambin perdonar, y para ello tenemos que olvidar. Cuando queremos perdonar nos encontramos con el obstculo de no querer o no poder olvidar. Por eso es tan escuchada la frase de Perdono pero no olvido En la Biblia encontramos muchos casos de perdn y de olvido. El caso de Jos hijo de Jacob, a quien sus hermanos vendieron. Jos tena razones suficientes para dar lugar a la amargura y al resentimiento. No solo que sus hermanos lo odiaron y lo vendieron como esclavo, sino que adems la esposa de su patrn lo acus falsamente e hizo que lo arrojasen en una prisin egipcia. Luego un oficial del gobierno lo prometi tratar de obtener su liberacin, pero se olvid de l y lo dej en la crcel. A pesar de todo Jos no permiti que ninguna raz de amargura se arraigara en su vida. Jos vio la mano de Dios sobre l y sobre sus problemas y se neg a culpar a otros de lo que le haba sucedido. Cuando naci su primer hijo, le puso por nombre Manases, que significa olvidar, dando a entender que Dios haba hecho olvidar la angustia de su juventud y la prdida del hogar de su padre. Jos no solo perdon a sus hermanos sino que nunca les recrimin por su perverso actuar. En Dios encontramos perdn y es l quien nos ayuda a perdonar y a olvidar. Siempre que estemos cargados o con dolor en nuestro corazn, recordemos la historia de Jos igual que l vayamos ante Dios para que sane nuestras heridas y nos ensee a perdonar y olvidar. Recordemos sus palabras de aliento: Venid a m todos los que estis trabajados y cargados, y yo os har descansar (Mateo 11:28) A menudo, cuando alguien se disculpa, la otra persona acepta las disculpas diciendo, olvdalo. Pero tienen el mismo resultado olvidar y perdonar? sta es una pregunta importante ya que el perdn se encuentra en el centro de una vida sana y feliz. El perdn protege las relaciones y tambin protege a la persona que perdona. Recordemos la historia que el psiquiatra y escritor Robert Coles nos cuenta acerca de Ruby, la nia de color que fue integrada en una escuela elemental del sur de Estados Unidos. Cada da, los alguaciles federales tenan que escoltar a Ruby entre una multitud que la escupa y la insultaba. La nia, que tena cinco aos, no pareca sufrir daos emocionales con aquella ordala, un hecho que asombraba a Coles hasta que descubri que Ruby rezaba cada da pidiendo a Dios que perdonara a sus agresores. Pero que es perdonar? Es lo mismo que olvidar? Olvidar se hace por inters o comodidad. Queremos estar libres de recuerdos molestos, por lo que intentamos olvidar hechos problemticos. Olvidar es un mtodo errneo de conseguir paz de espritu. Cuando se hace bien, es como la amnesia. Cuando olvidamos el pasado, podemos interaccionar, en el presente con las personas o las cosas del pasado que han creado un problema. Lo que ocurre es que, lo que olvidamos, no necesariamente desaparece. Si entierras algo en el patio trasero, lo nico que consigues es que no se vea. Las cosas que olvidamos quedan enterradas bajo el consciente, pero viven bajo la superficie y se manifiestan en nuestros sentimientos y actividades. Aparecen en los sueos y en los dibujos que hacemos y siguen formando parte de nuestras vidas, tanto si somos conscientes de ello como si no lo somos. Es muchos mejor acordarse de acontecimientos problemticos, sentir los efectos de la memoria y resolver la cuestin de una forma que lleve a la curacin autntica. Esto slo ocurre cuando perdonamos. El perdn conlleva dar amor. Es una manera de decir: Voy a prescindir de tus malas acciones, no voy a amargarme y voy a seguir querindote de todos modos. Cuando perdonamos, alcanzamos la paz de los dioses y nos volvemos dioses. Dios no tiene pecados imperdonables, eso slo nos ocurre a las personas. Recuerda el himno que dice l siempre proclama que perdona, no dice:l siempre proclama que olvida. El perdn nos permite seguir amando y empezar la curacin. Es cuando perdonamos que recibimos. En su escritorio, Dios tiene tres placas. La primera placa dice: Todo lo que t olvidas yo lo recuerdo, y todo lo que t recuerdas, yo lo olvido. Por qu? Porque Dios sabe que olvidar significa que las heridas no se curarn. Se infectarn bajo la superficie y nos harn enfermar mental, fsica y espiritualmente. Ruby no habra podido protegerse olvidndose de la multitud que la amenazaba; lo nico que poda protegerla era el perdn. Cada vez que perdonamos, empezamos una vida nueva, libre del pasado y abierta al amor. Recuerda que el perdn no slo tiene que darse en la relacin con los dems sino tambin en la relacin con uno mismo. Ests aqu para servir, no para que te sirvan. Todos los santos profetas estn de acuerdo en esto, estamos aqu para dar, no para obtener. Por esto, intenta perdonar hoy a alguien. Dedica un rato a recordar algo que hayas intentado olvidar, algo malo que te hayan hecho. Recuerda, piensa, siente, comprende y luego perdona. Esto requiere prctica pero de momento basta con dejar de olvidar y empezar a perdonar. Dr. Bernie Siegel Olvidar sin perdonar o perdonar sin olvidar? 24 Domingo ordinario. Ciclo A. La importancia del perdn.  INCLUDEPICTURE "http://es.catholic.net/catholic_db/imagenes_db/lumina/perdon.jpg" \* MERGEFORMATINET  Olvidar sin perdonar o perdonar sin olvidar? 24 Domingo ordinario. Ciclo A. 11 de septiembre de 2005 Estos das primeros del ao escolar es un gusto contemplar la llegada de los nios a la escuela, cargando sobre sus espaldas, casi hasta doblarse, las pesadas mochilas que ahora se han inventado para tener las manos libres y cargar mas cosas an, la torta para el recreo, o la fruta para la maestra. Esto me hace pensar que cada uno de nosotros, en nuestro trato diario con las gentes que nos rodean, vamos siendo lastimados y comenzamos a cargar sobre nuestras espaldas y sobre el corazn, pesadas cargas que a veces vienen de mucho tiempo atrs y que nos hacen sentir mal y gastar una cantidad tremenda de energa en mantener esa situacin lastimosa y ese rencor, que a veces llega incluso a enfermarnos. Este domingo Cristo viene a nuestro encuentro con una de esas parbolas morrocotudas que l acostumbraba, invitndonos al perdn sanador y salvador, de la misma manera que el Buen Padre Dios nos ha perdonado. El asunto fue provocado por Pedro que en el colmo de su generosidad le pregunt a Cristo si estaba bien terminar de perdonar a los dems cuando se hubiera llegado al nmero siete. Pero la respuesta de Cristo en resumidas cuentas fue decirle que hay que perdonar siempre, y para eso fue desenvolviendo la trama de su cuentecito, sobre un patrn que perdon a uno de sus trabajadores una suma de varios millones, cuando ste le suplic que tuviera compasin de l, pero que en cuanto el empleado sali de la entrevista con el patrn no quiso perdonar la deuda de unos cuntos pesos a un compaero de trabajo. Y el empleado lo pas muy mal cuando su patrn se enter de su conducta. LO QUE NO ES EL PERDN Y SUS CONSECUENCIAS Las pequeas deficiencias de cada da, un pisotn, un empujn, alguien que se burl de nosotros llamndonos peln o gorda o chimuelo, y que nosotros convertimos en una gran tragedia y en un berrinche sensacional que se oye hasta el otro lado del mundo. Y nos juramos hacer que el otro la pague esperando el momento oportuno para hacerle eso mismo y algo ms para que vea cmo se siente. Hemos llegado a considerar el perdn como una debilidad que nosotros no podemos permitirnos, hay que hacer que el otro pague, que se manifieste primero la justicia, el que la hace la paga, para que aprenda, para que no se le ocurra volver a hacer lo mismo, Qu porqu procedi el otros as? A m que me importa, que sufra, que le duela. Casi siempre nos sentamos en nuestro trono de gloria, nos sentimos magnnimos, nos sentimos muy buenos o casi como por cortesa y se nos ocurre que nosotros tenemos que perdonar a todos los que nos han ofendido, pero decir nosotros: Perdnenme ustedes! y comiencen a caminar a mi lado, es algo que no se nos ocurrira ni por equivocacin. Ya perdonaste? Es muy frecuente orlo, s ya se me olvid, ya no lo recuerdo, lo cul equivaldra a lo que con cierta frecuencia ocurre en las operaciones, que la herida se cierra en falso, pero por dentro qued el malestar y al paso del tiempo aquella herida supura y hay necesidad de volver a abrir para sacar el mal de raz. Olvidar sin perdonar ser hacer que el corazn resulte daado porque el rencor volver algn da tarde o temprano, y el mal se ver agrandado y hasta con intereses. El otro extremo es tambin sumamente frecuente, perdonar sin olvidar, es que me hierve la sangre cada que me lo encuentro y tenemos frases muy hechas y muy trilladas: te perdono, pero no te vuelvas a parar por aqu, no quiero volver a verte, noms que no te encuentre y vers, si te vuelves a cruzar conmigo, te juro que no descansar hasta hacerte pedacitos, lo cul equivale a dejar sobre la cabeza del otro la espada de Damocles, como quien dice, aqu tengo el recibo y te lo puedo cobrar en el momento que a mi me de mi regalada gana, lo cual equivale a darle un apretn ms a las cadenas del odio y la venganza. Y todava podremos entretenernos en algunas situaciones que vamos creando en nuestra vida diaria: me ofendi, pues le aplicar la ley del hielo, para que sienta, para que no se le vuelva a ocurrir tratarme as te saliste con la tuya, pero me la vas a pagar fuiste injusto conmigo, pues no perder el momento para echrtelo en cara me trataste mal en tu ventanilla, pues no descansar hasta que te quiten el trabajo quisiste pasarte de listo conmigo, pues aunque tenga que gastar ms en los trmites legales, ya vers cmo no te sales con la tuyapor lo menos vamos a quedar mano a mano, para que entiendas. Si me han seguido hasta aqu mis sufridos lectores, ser entonces el momento de tomar papel y pluma, comenzar a anotar a personas concretas con las que hemos tenido problemas o enemistades, y si encontramos que nos han ofendido, comenzar a dar el perdn, sin guardar ya resabios, rescoldos o resentimientos, pero desde dentro de nosotros mismos, descargando esa mochila que traemos cargada, pero si encuentro que yo soy el que ha daado, lastimado o herido a los dems, comenzar por el ejercicio de pedir perdn y liberarnos tambin de otra carga que hace muy difcil nuestra vida. Y si lo hacemos dejante de una imagen de Cristo crucificado, sentiremos una situacin nueva que nos har respirar a pleno pulmn, porque nos habremos desprendido de una carga que nos haba hecho sufrir por mucho tiempo. Y aqu enlazaramos con la pequea segunda parte, para caer en la cuenta que el perdn siendo tan difcil, nunca vendra a lo humano, si no tenemos el auxilio de la fe, y el ejemplo de Cristo que desde lo alto de la cruz escribi la pgina mas bella de amor y de perdn a todos los hombres, pues perdon y disculp a todos los que hemos sido marcados con el pecado y la carga de la culpa: perdnalos, porque no saben lo que hacen, sin olvidarnos que el mismo Cristo puso como nica condicin para perdonarnos, el perdonar nosotros mismos: Perdnanos como tambin nosotros perdonamos a los que nos ofenden. San Pablo llegar a decir: Como el Seor os perdon, perdonaos tambin vosotros, Y los dos renglones que me quedan, sern para decirles que el perdn de Dios, al que debemos imitar, tiene caractersticas muy especiales: es TOTAL, no se guarda nada, puedes estar seguro de que nunca ms de echar en cara tus delitos: es INCONDICIONAL, con tal de que aceptes con arrepentimiento el perdn que Dios te da; es una APUESTA a favor nuestro, pues el Padre confa en sus hijos totalmente, y finalmente el perdn de Dios es HUMANIZADOR pues hace sentir al hombre el cario, el amor, el gozo del hijo que regresa a los brazos amorosos del Padre, que no pide cuentas, y que recibe con un abrazo y que hace fiesta por el hijo que regresa arrepentido a la casa del Buen Padre Dios. Por qu no comienzas hoy mismo a ejercitar el don del perdn a tus propios hermanos, comenzando por el perdn a ti mismo, ya que Dios s te ha perdonado? Tu amigo el  HYPERLINK "mailto:alberami@prodigy.net.mx" Padre Alberto Ramrez Mozqueda  A. Pronzato, La provocacin de Dios, Sgueme, Salamanca 1974, 213.  PG 58, 756.  A. Manaranche, o.c. 160.     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