ࡱ> VXSTUq` -bjbjqPqP 8v::&2   JJJ8FJ|J yrKrK"KKKKKKLyNyNyNyNyNyNy$s{h}`ry kKKkkry KKyvvvk~ K KLyvkLyvvx xKfK dJ.s6xxTy0yx;~dtB;~x;~ x8K"Tv>Z"_ KKKryryupKKKykkkk ?J J   Nota: El formato del documento es para HOJA OFICIO (216 x 330 mm.). Sugerimos cambiarlo si se va a imprimir en papel con otras dimensiones. TEOLOGA PARATODOS Un curso de religin -multimedia- a distancia y personalizado Seminario II: Teologa Moral Envo 20mo. PARA SALVARTE del P. Jorge Loring 66,11. La cuestin social se ha agravado profundamente en nuestro tiempo, por el poco caso que se ha hecho de la doctrina social de la Iglesia . La solucin est en que nos convenzamos de que todos somos hermanos, y por lo tanto, debemos ayudarnos mutuamente . El que tiene ms debe dar al que tiene menos, pues todos los hombres deben gozar suficiente - pero moderadamente- de los bienes de este mundo. El cristiano rico no se regocija de su condicin, pues sabe que su riqueza le impone deberes; no ama la riqueza, sino a sus hermanos; y en la riqueza ve un recurso para ayudarles . Lo que pasa es que muchos que se dan el nombre de cristianos -y con sus obras demuestran que no lo son- no quieren hacer caso de lo que manda la Iglesia. Po XI se quejaba amargamente: es en verdad lamentable que haya habido, y aun ahora haya, quienes llamndose catlicos apenas se acuerdan de la sublime ley de la justicia y de la caridad en virtud de la cual nos est mandado no slo dar a cada uno lo que le pertenece, sino tambin socorrer a nuestros hermanos necesitados como al mismo Cristo. sos, y esto es lo ms grave, no temen oprimir a los obreros por espritu de lucro. Hay, adems, quienes abusan de la misma religin y se cubren con su nombre en las exacciones injustas para defenderse de las reclamaciones completamente justas de los obreros. No cesaremos nunca de condenar semejante conducta; esos hombres son la causa de que la Iglesia, inmerecidamente, haya podido tener la apariencia y ser acusada de inclinarse de parte de los ricos, sin conmoverse ante las necesidades y estrecheces de quienes se encontraban como desheredados de su parte de bienestar en esta vida . Jesucristo no se present como un nuevo Espartaco proclamando la libertad de los esclavos con las armas en la mano. Jesucristo acab con la esclavitud, pero no con la fuerza de las armas, sino con la fuerza de su doctrina. Las injusticias no se vencen con el odio, sino haciendo a los hombres mejores. El odio cambia una injusticia por otra. Lo nico que hace mejores a los hombres es el amor al prjimo. Para hacer mejor a la humanidad, no hay otra doctrina que supere a la de Jesucristo: prtate con los dems como quieres que los dems se porten contigo , amaos unos a otros como yo os he amado . Convenzmonos que mientras todos -los de arriba y los de abajo- no obedezcamos a nuestra Santa Madre la Iglesia, el mundo no se arreglar. El odio y el egosmo no pueden sustentar la verdadera paz. La doctrina social de la Iglesia no es dinamita que destroza, sino levadura que transforma lentamente. La DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA comienza con la encclica Rerum Novarum (1891) de Len XIII, donde habla de la situacin de los obreros creada por la revolucin industrial. Toma enorme impulso con Po XI en sus encclicas Quadragessimo anno (1937) a los cuarenta aos de la Rerum Novarum, con Non abbiamo bisogno (1931) que condena el fascismo, con Mit brennender sorge (1937) que condena el nazismo, y con la Divini Redemptoris (1937) que condena el comunismo. Juan XXIII dej dos importantes encclicas: Mater et Magistra (!961) sobre el cristianismo y el progreso social, y Pacem in terris (1965) sobre los derechos humanos. Pablo VI, entre otros documentos, dej Populorum Progressio (1967) sobre el desarrollo de los pueblos, y Octogessima Adveniens (1971) sobre las ideologas. Juan Pablo II ha dejado varias encclicas muy importantes: Laborem exercens (1981) sobre el trabajo, Sollicitudo rei socialis (1987) sobre el desarrollo, y Centesimus annus (1991) sobre el orden econmico. 66,12. Po XII les dijo a los catlicos austracos: La lucha de clases nunca podr ser el objetivo de la doctrina social catlica . Se equivoca -dice Po XII a los trabajadores italianos el 1 de mayo de 1953- quien piensa que sirve a los intereses del obrero con los viejos mtodos de la lucha de clases. Hay que conseguir una colaboracin de las clases, basada en la confianza y en el mutuo cumplimiento de los deberes sociales. Salvador de Madariaga, conocido intelectual republicano, dijo que para los marxistas la lucha de clases no es un medio, sino un fin: en las situaciones en que hay bienestar y paz social, procuran acabar con esto y crear la lucha de clases . Dijo Juan Pablo II en Brasil: La liberacin cristiana usa medios evanglicos y no recurre a ninguna forma de violencia, ni a la dialctica de la lucha de clases o a la praxis o anlisis marxista ... La lucha de clases no conduce al orden social porque corre el riesgo de invertir las situaciones de los contendientes, creando nuevas situaciones de injusticia... Rechazar la lucha de clases es optar decididamente por una noble lucha en favor de la justicia social... El bien comn de una sociedad exige que esa sociedad sea justa. Donde falta la justicia, la sociedad est amenazada desde dentro. Eso no quiere decir que las transformaciones necesarias para llevar a una mayor justicia deban realizarse con la violencia, la revolucin ni el derramamiento de sangre, porque la violencia prepara una sociedad violenta, y nosotros los cristianos no la podemos admitir. Pero hay transformaciones sociales, a veces profundas, que deben realizarse constantemente, progresivamente, con eficacia, y con realismo, por medio de reformas pacficas . La Iglesia, en sus veinte siglos de existencia, ha tenido que vivir en medio de las estructuras sociales ms diversas. Y siempre, en todos los ambientes, ha trabajado por la implantacin de la justicia social. No por medio de una revolucin sangrienta, sino por medio de su doctrina y de su influjo. Y lo mismo que en la antigedad aboli la esclavitud e instituy los gremios -verdaderas familias de productores, que tan buenos frutos dieron para el equilibrio social y buena distribucin de las riquezas -, as en nuestra poca abolir la injusticia social, consecuencia del capitalismo liberal; y se impondr la hermandad cristiana que armonice las relaciones entre todos los hombres. La igual dignidad de las personas humanas exige el esfuerzo para reducir las excesivas desigualdades sociales y econmicas, e impulsa a la desaparicin de las desigualdades inicuas . La Iglesia se esfuerza por inspirar las actitudes justas en el uso de los bienes terrenos, y en las relaciones socio-econmicas . El cumplimiento de la doctrina social de la Iglesia, por parte de todos, har que patronos y obreros vivan en perfecta concordia y bienestar. Esta colaboracin de unos y otros para la implantacin de la doctrina de la Iglesia es la que ha de solucionar el problema social. La Iglesia da las directrices; pero ella sola no puede . Necesita la colaboracin de todos. Ella da la doctrina, pero las realizaciones dependen de los hombres . La Iglesia no tiene soluciones tcnicas, pero s orientaciones morales. El Magisterio Social de la Iglesia no presenta soluciones tcnicas para los problemas sociales. El objetivo de la Doctrina Social de la Iglesia es interpretar las realidades sociales, examinando su conformidad o no con lo que el Evangelio ensea acerca del hombre y su vocacin terrena y trascendente, para orientar la conducta cristiana . La Iglesia no impone su enseanza moral, pero ofrece principios iluminadores, pues es experta en humanidad. La empresa moderna es muy distinta de la del siglo pasado. Ha avanzado mucho, pero todava no ha llegado a la meta que desea la Iglesia. Todos debemos colaborar a que siga evolucionando a mejor, hasta dar al elemento humano del trabajo la dignidad que merece. El reconocimiento de la dignidad de la persona humana, sujeto de derechos inalienables, se encuentra en los fundamentos de toda la enseanza social de la Iglesia Como dijo el Papa Po XI el capitalismo, en s, no es malo; pues es necesario para dar trabajo. Pero viola el recto orden de la justicia cuando esclaviza al obrero despreciando su dignidad humana . Los responsables de las empresas estn obligados a considerar el bien de las personas, y no solamente el aumento de las ganancias . 66,13. Las empresas econmicas son comunidades de personas, es decir, de hombres libres y autnomos, creados a imagen de Dios. Por ello, teniendo en cuenta las diversas funciones de cada uno -propietarios, administradores, tcnicos y trabajadores-, y quedando a salvo la necesaria unidad en la direccin, se ha de promover la activa participacin de todos en la gestin de la empresa, segn formas que habr que determinar con acierto. Con todo, como en muchos casos no es a nivel de empresa, sino en niveles institucionales superiores, donde se toman las decisiones econmicas y sociales, de las que depende el porvenir de los trabajadores y de sus hijos, deben los trabajadores participar tambin en semejantes decisiones por s mismos o por medio de representantes libremente elegidos. Entre los derechos fundamentales de la persona humana debe contarse el derecho a fundar libremente asociaciones obreras que representen autnticamente al trabajador y puedan colaborar en la recta ordenacin de la vida econmica, as como tambin el derecho de participar libremente en las actividades de las asociaciones, sin riesgo de represalias. Por medio de esta participacin organizada, que est vinculada al progreso en la formacin econmica y social, crecer ms y ms entre los trabajadores el sentido de la responsabilidad, que les llevar a sentirse sujetos activos, segn sus medios y aptitudes propias, en la tarea total del desarrollo econmico y social del logro del bien comn universal. En caso de conflictos econmico-sociales hay que esforzarse por encontrarles soluciones pacficas. Aunque se ha de recurrir siempre primero a un sincero dilogo entre las partes, sin embargo, en la situacin presente, la huelga puede seguir siendo medio necesario, aunque extremo, para la defensa de los derechos y el logro de las aspiraciones justas de los trabajadores. Bsquense, con todo, cuanto antes, caminos para negociar y reanudar el dilogo conciliatorio . La huelga es un mtodo reconocido por la Doctrina Social Catlica, como legtimo en las debidas condiciones y en los justos lmites. En relacin con esto, los trabajadores, deberan tener asegurado el derecho a la huelga sin sufrir sanciones penales personales por participar en ellas. Admitiendo que es un medio legtimo, se debe subrayar al mismo tiempo que la huelga sigue siendo, en cierto sentido, un medio extremo. No se puede abusar de l; especialmente en funcin de los juegos polticos. Por lo dems, no se puede jams olvidar que cuando se trata de servicios esenciales para la convivencia civil, stos han de asegurarse en todo caso, mediante medidas legales apropiadas, si es necesario. El abuso de la huelga puede conducir a la paralizacin de toda la vida socio-econmica, y esto es contrario a las exigencias del bien comn de la sociedad . La admisin de la huelga no legitima el empleo de medios injustos de presin huelguista como la calumnia, la mentira, las amenazas contra las personas, el sabotaje, y, en general, los medios llamados de accin directa. Se requiere asimismo que la huelga no vaya ms lejos de lo que sea necesario para conseguir la finalidad de reparacin de la injusticia o consecucin de la mejora justamente pretendida. La huelga resulta moralmente inaceptable cuando va acompaada de violencias, o tambin cuando se lleva a cabo en funcin de objetivos no directamente vinculados con las condiciones de trabajo, o contrarios al bien comn. El beneficio a obtener debe ser proporcionado a los males que ocasiona Nadie est obligado en conciencia a tolerar la injusticia cometida contra l. Obran rectamente las personas que defienden sus propios derechos, respetando siempre los derechos de los dems. Frente a la injusticia cabe, pues, una legtima oposicin. Esta accin en contra de la injusticia establecida es tarea propia tanto de la Autoridad Pblica como de los ciudadanos. El Estado mantiene el orden justo principalmente mediante las leyes, la fuerza publica y la accin de los tribunales. Los ciudadanos disponen de dos medios extraordinarios para oponerse a la injusticia social: la huelga y, en casos extremos, la revolucin . La Iglesia siempre ha defendido el derecho de los obreros a organizarse en sindicatos, pero los sindicatos han de defender los legtimos intereses y derechos de los trabajadores bajo el criterio superior del bien comn. 66,14. Mucho ms extrema que la huelga, por la complejidad de implicaciones de todo orden que lleva consigo, es la revolucin como recurso de oposicin a la injusticia, no limitado ya al campo econmico, sino insertado en la lnea poltica. La doctrina tradicional catlica ha reconocido siempre su legitimidad, cuando se dan determinadas condiciones, como instrumento para liberarse de la injusticia padecida por un pueblo, y siempre que su puesta en marcha represente un mal menor comparado con las consecuencias desastrosas provocadas por el rgimen de injusticia establecido en la sociedad . Y que se hayan agotado todos los otros recursos, haya esperanza fundada de xito, y sea imposible prever razonablemente soluciones mejores . A esta posibilidad se refera Pablo VI en la Populorum Progressio (n 30 y 31): Hay situaciones cuya injusticia clama al cielo. Cuando poblaciones enteras, faltas de lo necesario, viven en una tal dependencia que les impide toda iniciativa y responsabilidad, lo mismo que toda posibilidad de promocin cultural y de participacin en la vida social y poltica, es grande la tentacin de rechazar con la violencia tan graves injurias contra la dignidad humana. Sin embargo, como es sabido, la insurreccin revolucionaria, salvo en el caso de tirana evidente y prolongada que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la persona y daase peligrosamente al bien comn del pas, engendra nuevas injusticias, introduce nuevos desequilibrios y provoca nuevas ruinas. No se puede combatir un mal real al precio de un mal mayor. Pablo VI, en la tradicional audiencia colectiva del primero de ao al Cuerpo Diplomtico acreditado ante la Santa Sede, les dijo en 1967, hablando de la justicia social: La Iglesia no puede aprobar a quienes pretenden alcanzar este objetivo tan noble y legtimo a travs de la subversin violenta del derecho y del orden social. La Iglesia tiene conciencia, es cierto, de adoptar con su Doctrina, una revolucin, si con este trmino se entiende un cambio de mentalidad, una modificacin profunda de la escala de valores. Tampoco ignora la fuerte atraccin que la idea de revolucin, entendida en el sentido de un cambio brusco y violento, ejerce en todo tiempo en algunos espritus vidos de lo absoluto, de una solucin rpida, enrgica y eficaz, como ellos piensan, del problema social, y con gusto en ella veran la nica va que conduce a la justicia. En realidad, la accin revolucionaria engendra ordinariamente toda una serie de injusticias y de sufrimientos, porque la violencia desencadenada es difcil de controlar y acta tanto contra las personas como contra las estructuras. No es, por tanto, a los ojos de la Iglesia, una solucin apta para remediar los males de la sociedad . He aqu otro criterio fundamental que ha de orientar la accin de los catlicos en la sociedad: la Iglesia no prohbe, sino que recomienda a sus fieles que colaboren con todos los hombres de buena voluntad en la construccin de una sociedad ms justa . No corresponde a los pastores de la Iglesia intervenir directamente en la actividad poltica y en la organizacin de la vida social. Esta tarea forma parte de la vocacin de los seglares . La diversidad de regmenes polticos es legtima con tal que promuevan el bien de la comunidad . La autoridad slo se ejerce legtimamente si busca el bien comn del grupo en cuestin y si, para alcanzarlo, emplea medios moralmente lcitos. Si los dirigentes proclamasen leyes injustas o tomasen medidas contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia . El ciudadano tiene obligacin, en conciencia, de no seguir las prescripciones de las autoridades civiles cuando estos preceptos son contrarios a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a las enseanzas del Evangelio, pues dice la Biblia que hay que obedecer a Dios antes que a los hombres . El bien comn comporta tres elementos esenciales: el respeto y la promocin de los derechos fundamentales de la persona; la prosperidad o el desarrollo de los bienes espirituales y temporales de la sociedad; y la paz y la seguridad del grupo y de sus miembros . Todos los hombres gozan de una misma dignidad . Los ateos atacan al cristianismo como alienacin que atrofia la iniciativa y el trabajo del hombre . Piensan que el fenmeno religioso es alienante, porque creen que la afirmacin de la existencia de Dios aparta al creyente del empeo por la realizacin del mundo y del hombre, pues lo engaa con la utopa de un paraso futuro. Pero no es as. El plan de Dios y el Evangelio dicen que el hombre es responsable de su desarrollo lo mismo que de su salvacin . El cristianismo ensea que la importancia de las tareas terrenas no es disminuida por la esperanza del ms all . Por el contrario, obliga a los hombres an ms a realizar estas actividades . La obra redentora de Cristo, aunque de suyo se refiere a la salvacin de los hombres, se propone tambin la restauracin de todo el orden temporal . Pertenece a la misin de la Iglesia emitir un juicio moral sobre las cosas que afectan al orden poltico cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvacin de las almas . La Iglesia, como heredera de la doctrina y de la misin de Cristo, tiene que juzgar, desde el punto de vista moral, las actividades de los hombres. Tiene que dar a sus miembros, por medio de sus maestros, orientaciones morales para que en toda su vida, tanto privada como pblica, puedan proceder conforme a la doctrina del Evangelio . Es evidente que la Iglesia, en cuanto tal, no tiene la funcin de edificar el mundo temporal . Pero se equivocan los cristianos que consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta que la propia fe es un motivo que les obliga al ms perfecto cumplimiento de todas ellas, segn la vocacin personal de cada uno  . El plan de Dios sobre el mundo es que los hombres instauren con espritu de concordia el orden temporal y lo perfeccionen sin cesar . El cristiano que falta a sus obligaciones temporales, falta a sus deberes con el prjimo, falta sobre todo a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su eterna salvacin . Los seglares no pueden limitarse a trabajar por la edificacin del Pueblo de Dios o la salvacin de su alma para la eternidad, sino que han de empearse en la instauracin cristiana del orden temporal. Por su situacin en el mundo, los seglares son los responsables directos de la presencia eficaz de la Iglesia en cuanto a la organizacin de la sociedad en conformidad con el espritu del Evangelio. Cuando la Autoridad Pblica, rebasando su competencia, oprime a los ciudadanos, stos no deben rehuir las exigencias objetivas del bien comn; les es lcito defender sus derechos y los de sus conciudadanos contra el abuso de tal autoridad, guardando los lmites que seala la ley natural y evanglica . La denuncia por la denuncia no vale, y menos todava la denuncia por el sensacionalismo a estilo periodstico. La denuncia es para la correccin del mal. La prudencia aconsejar si es o no conveniente. Se han presentado ocasiones en que la jerarqua eclesistica quera denunciar pblicamente situaciones de opresin e injusticia, especialmente en pases comunistas, y los cristianos de estos pases han pedido que no lo hicieran, porque habra represalias que crearan una situacin peor. Un caso histrico se dio cuando la persecucin hitleriana a los judos; muchos queran que el Papa protestase pblicamente. Y fue mucho ms eficaz su trabajo en comisiones y delegaciones, consiguiendo la libertad de muchos judos. Hecho que fue reconocido y agradecido pblicamente por los mismos. El historiador jesuita francs, Pierre Blet, que ha publicado, en doce volmenes, los documentos de la Segunda Guerra Mundial conservados en los Archivos Vaticanos, en los que se manifiesta la gran labor humanitaria de Po XII en favor de los judos, pero guardando silencio ante el genocidio, dice: El silencio de Po XII salv a muchos judos de morir en el Holocausto. Po XII salv 800.000 judos. Su denuncia habra impulsado a Hitler a agravar la suerte de los judos . Marcus Melchior, rabino jefe de Dinamarca que sobrevivi al HOLOCAUSTO dijo: Si el Papa hubiera hablado Hitler hubiera masacrado a muchos ms de los seis millones de judos. Po XII pensaba hacer una declaracin en favor de los judos, pero la Cruz Roja se lo desaconsej, pues Hitler sola responder aumentando la represin. Un LIDER JUDO ITALIANO APOY EL SILENCIO DE PO XII. Afirma:Mis padres se salvaron al encontrar refugio en un convento. Creo que Po XII slo poda actuar de la manera en que lo hizo. Saba que si hubiera tomado una posicin oficial contra Hitler las persecuciones se dirigiran tambin contra los catlicos. Estas han sido las declaraciones de Massimo Caviglia, director de la revista Shalom, el mensual ms difundido y autorizado de la comunidad hebrea italiana. Segn Caviglia, el autntico espritu del Papa Pacelli (Po XII) est comprobado por el hecho de que, en privado, ayud a los hebreos, dndoles asilo en las estructuras eclesisticas. Mis padres se salvaron al encontrar refugio en un convento . La relacin del Papa Pacelli con el judasmo se convierte cclicamente en actualidad. Algunos sectores le acusan de haber guardado silencio durante el Holocausto. Por su parte, Juan Pablo II siempre ha defendido la labor de su predecesor, hasta el punto de que ha alentado su causa de beatificacin. Para arrojar nueva luz sobre el argumento, sale en estos momentos la edicin italiana del libro de sor Margherita Marchione en el que se recogen testimonios de judos salvados por la Iglesia y el pontfice en aquellos aos oscuros. Po XII hizo todo lo posible, explica la religiosa. Basta citar al comisario de la Unin de las Comunidades Israelitas Italianas, quien en "L'Osservatore Romano" del 8 de septiembre de 1945 dice textualmente: "En primer lugar, ofrecemos un reverente homenaje de reconocimiento al Sumo Pontfice, a los religiosos y a las religiosas que, aplicando las orientaciones del Santo Padre, no han visto en los perseguidos a hebreos, sino a hermanos". Renzo de Felice, uno de los historiadores ms rigurosos de Italia, hizo la lista de los 150 monasterios de la ciudad de Roma en la que se encontraban escondidos los judos para defenderse de la ocupacin nazi. La autora del libro no tiene la menor duda: ante el drama del genocidio, Po XII no fue un espectador impasible. La documentacin que lo atestigua es monumental. Existen doce volmenes de documentos del archivo vaticano en el que se ofrece la prueba de que el Santo Padre hizo todo lo que era posible y que los judos quedaron sumamente agradecidos. El padre jesuita Peter Gumpel, catedrtico emrito de la Universidad Gregoriana y relator de la causa de beatificacin de Po XII, revel de manera muy precisa: Al final de la guerra todas las grandes organizaciones judas del mundo, los rabinos jefes de Jerusaln, de Nueva York, de Dinamarca, de Bulgaria, de Rumana, de Roma, y miles de judos que sobrevivieron a la persecucin manifestaron su aprecio y su gran estima por lo que haba hecho por ellos Po XII. Precisamente el rabino-jefe de Roma, Israel Zolli, que se bautiz cristiano en 1965, tomo el nombre de Eugenio en homenaje a Po XII que se llamaba Eugenio Pacelli. Dice el P.Gumpel: Creo que no existe en el mundo una figura pblica que haya recibido tantas muestras de agradecimiento y reconocimiento por parte de la comunidad juda como Po XII. La editorial Planeta-Testimonio Ha publicado un libro de Antonio Gaspari titulado Los judos, Po XII y la leyenda negra con la historia de los hebreos salvados del HOLOCAUSTO por la Iglesia. Segn el historiador Peter Gumpel, fuentes judas confirman que Po XII, con su intervencin, salv a 800.000 hebreos. James Bogle dice que el diplomtico israel Pinchas Lapide alab al Papa Po XII en su libro The Last Three Popes and the Jews. Lapide mostr que el Papa salv ms vidas judas que todas las potencias aliadas juntas. En un documentado estudio afirma que salv a 850.000 judos de manos de los nazis. David Dalin, rabino de Nueva York, destacada personalidad en el mundo judo, afirma en un artculo publicado en la revista The Weekly Standard que Po XII fue el gran defensor de los judos en la guerra mundial. Existe una actitud de prudencia. Muchas veces se da el nombre de prudencia a la cobarda; eso es malo. Pero la temeridad agresiva puede tomar el nombre de valor, y tambin es malo. Si queremos que la denuncia sea eficaz tenemos que hacerla primeramente con toda la verdad, es decir, que sea verdad lo que denunciamos y estar ciertos de que estamos en la verdad. En segundo lugar, con la verdad de las motivaciones, es decir, que la hagamos por amor a los perjudicados y con amor a los que perjudican. Hoy se habla mucho de los derechos humanos. Todos los aceptan. Pero no todos los cumplen. Los derechos humanos se basan en el dignidad de la persona humana. Y la Iglesia es la que ms valora al hombre, pues para Ella es hijo de Dios . La Doctrina Social Catlica ha influido mucho en las realizaciones sociales a lo largo de la Historia. Por citar las ms modernas podramos decir lo siguiente: La primera ley sobre el descanso dominical, aprobada por el Parlamento francs, fue propuesta por diputados catlicos. El primer comit o consejo de empresa, fue instituido en 1885 por el empresario catlico francs Len Harmel, en su fbrica Val-des-Bois. La primera Caja de Compensaciones de Subsidios familiares fue establecida en 1900 por el empresario catlico francs Romanet. La implantacin obligatoria del Seguro de Enfermedad fue propuesta en 1900 en Francia por el sacerdote Lemir. No es cierto, por tanto, que los catlicos hayamos llegado siempre tarde . La restauracin cristiana de la sociedad, como uno de los objetivos de la misin de la Iglesia en el mundo, no significa que sean los cristianos, ni los catlicos los nicos capaces de respetar los derechos de la persona humana, de defender la legtima libertad de los pueblos o de instaurar un rgimen de justicia. Hay hombres, incluso no creyentes, que aspiran a conseguir los mismos objetivos. El esfuerzo de la Iglesia no se contrapone, sino que se suma, a los esfuerzos de estos hombres de buena voluntad, y los catlicos comparten con ellos el afn y los proyectos para construir una ciudad secular ms libre, ms justa, ms humanizada, ms habitable para el hombre, de manera que todos contribuyan a realizar en el mundo el plan de Dios . Por esto afirma el Vaticano II: El Concilio aprecia con el mayor respeto cuanto de verdadero, de bueno y de justo se encuentra en las variadsimas instituciones fundadas ya, o que incesantemente se fundan, en la humanidad. Declara, adems, que la Iglesia quiere ayudar y fomentar tales instituciones en lo que de ella dependa, y pueda conciliarse con su misin propia. Nada desea tanto como desarrollarse libremente, en servicio de todos, bajo cualquier rgimen poltico que reconozca los derechos fundamentales de la persona y de la familia, y los imperativos del bien comn . Hagamos los hombres mejores si queremos un mundo mejor. Para cambiar el mundo no basta cambiar las estructuras. Es cierto que un mundo injusto dificulta gravemente el cambio de las personas. Pero sera una coartada atribuir todo el mal a unas impersonales estructuras que seran el chivo expiatorio de todos nuestros errores personales. Jess coloca como primario y fundamental el tema de la responsabilidad personal de cada hombre en ese cambio necesario . El 30 de diciembre de 1987, Juan Pablo II public la sptima de sus encclicas titulada Sollicitudo rei socialis, es decir, preocupacin por la cuestin social. De ella son estos prrafos: El objetivo de la paz, tan deseado por todos, slo se alcanzar con la realizacin de la justicia social e internacional, y adems con la prctica de las virtudes que favorecen la convivencia y nos ensean a vivir unidos para construir juntos dando y recibiendo una sociedad nueva y un mundo mejor (n 39). La Iglesia no tiene soluciones tcnicas que ofrecer al problema del subdesarrollo, en cuanto tal, no propone sistemas o programas econmicos o polticos, ni manifiesta preferencias por unos o por otros, con tal que la dignidad del hombre sea debidamente respetada y promovida, y ella goce del espacio necesario para ejercer su ministerio en el mundo (n 14). La doctrina social de la Iglesia no es una tercera va entre el capitalismo liberal y el colectivismo marxista se trata de una doctrina que debe orientar la conducta de las personas (n 41). Un desarrollo slo econmico no es capaz de liberar al hombre: al contrario, lo esclaviza todava ms. Un desarrollo que no abarque la dimensin cultural, trascendente y religiosa del hombre y de la sociedad, contribuira an menos a la verdadera liberacin (n 6). Todos estamos llamados, ms an, obligados, a ese tremendo desafo... Cada uno est llamado a ocupar su propio lugar en esta campaa pacfica, que hay que realizar con medios pacficos para conseguir el desarrollo de la paz (n 47). Quiero dirigirme a todos los hombres y mujeres sin excepcin, para que convencidos de la gravedad del momento presente, y de la respectiva responsabilidad individual, pongamos por obra -con el estilo personal y familiar de vida, con el uso de los bienes, con la participacin como ciudadanos, con la colaboracin en las decisiones econmicas y polticas, y con la actuacin a nivel nacional e internacional- las medidas inspiradas en la solidaridad y en el amor preferencial por los pobres (n 47). El hombre materialista ha levantado un altar a los dolos del dinero, el sexo y el poder. En su adoracin corre tras la felicidad sin conseguirla. Como los galgos que corren tras la liebre mecnica sin alcanzarla jams. O como el que corre tras su sombra para alcanzarla sin poder conseguirlo. Al barrer a Dios de la vida cruje la familia, fracasa el matrimonio, la juventud se esclaviza de la lujuria, y muchos negocios se convierten en bandas de ladrones. Slo Dios da motivacin eficaz para la honradez y la virtud. La honradez sin Dios es excepcional. Para moralizar la vida vale ms el catecismo que la polica. Despus de la Primera Guerra Mundial, uno de los escritores ms clebres de Italia, Papini, que haba sido ateo, anarquista y anticatlico, se convirti al catolicismo, y en su Historia de Cristo describe el mundo moderno idolatrando al dinero, la inmoralidad y el egosmo. Sin Cristo los hombres se convierten en fieras que se devoran unas a otras. Al final de su libro tiene una conmovedora oracin a Cristo: Cristo, vuelve, que te necesitamos. - El que tiene hambre te necesita a Ti: Pan de vida eterna. - El que tiene sed, te necesita a Ti: que das agua de vida eterna. - El que busca lo bello te busca a Ti: Hermosura eterna. - El que busca la verdad te busca a Ti: Verdad eterna. - El que busca la paz te busca a Ti: el nico que da la Paz verdadera. Todos claman por Ti, Cristo! Ven Seor Jess! Te necesitamos! Muchos estn rodeados por el cristianismo, pero ste no ha penetrado en su corazn de piedra: como el canto rodado sumergido en el arroyo, que si lo partes, por dentro est seco porque el agua no le ha calado. Cuentan de unos nufragos que estaban muertos de sed en su bote salvavidas. Las corrientes marinas haban llevado el bote hasta la desembocadura del ro Amazonas. El bote estaba rodeado de agua dulce del inmenso caudal del Amazonas, pero los nufragos, sin saberlo, se moran de sed. 66,15. Todos los hombres tienen el derecho y el deber de trabajar. Muchos hombres desearan trabajar pero no pueden. Uno de los problemas actuales ms graves es el paro, o falta de puestos de trabajo . El derecho al trabajo es un bien de la Humanidad que hay que compartir. Es necesario que los cristianos nos esforcemos para lograr que todos los hombres tengan en la sociedad un puesto de trabajo dignamente retribuido; que el trabajo sea cual fuere, no constituya para nadie una humillacin; y que cada hombre, encuentre, en lo posible, el trabajo ms adecuado a sus capacidades y vocacin . Muchos que exaltan su libertad como el supremo de los valores, despus se quejan cuando sus derechos son arrollados por otro que en nombre de su propia libertad no le respeta a l . El trabajo del hombre debe ser humano. Es decir, que dignifique al hombre que lo realiza, no que lo deshumanice, como puede ocurrir en algunos trabajos en los que el hombre se convierte en una pieza ms de la mquina. El trabajo humano debe dejar un margen a la inteligencia del hombre. Y en los trabajos insalubres y peligrosos se deben tomar las medidas de seguridad e higiene adecuadas para proteger al trabajador; as como la retribucin proporcionada y el descanso requerido. 66,16. Oigamos la doctrina de los Papas sobre salarios: No puede decirse que se haya satisfecho a la justicia social, si los obreros no tienen asegurado su propio sustento y el de sus familias, con un salario proporcionado a este fin; si no se les facilita la ocasin de adquirir alguna modesta fortuna, previniendo as la plaga del pauperismo universal; si no se toman precauciones en su favor, con seguros pblicos y privados, para el tiempo de la vejez, de la enfermedad y de paro. En una palabra, para repetir lo que dijimos en nuestra encclica Quadragessimo anno: La economa social estar slidamente constituida y alcanzar sus fines, slo cuando a todos y a cada uno se provea de todos los bienes que las riquezas y subsidios naturales, y la tcnica y la constitucin social de la economa pueden producir. Estos bienes deben ser suficientemente abundantes para satisfacer las necesidades y honestas comodidades, y elevar a los hombres a aquella condicin de vida ms feliz que, administrada prudentemente, no slo no impide la virtud, sino que la favorece en gran manera . Po XII, en su alocucin del 13 de junio de 1943 a 20.000 obreros italianos, reunidos en el Vaticano, dijo cul debera ser el salario integral: Un salario que asegure la existencia de la familia, y sea tal que haga posible a los padres el cumplimiento de su deber natural de criar una prole sanamente alimentada y vestida; una habitacin digna de personas humanas; la posibilidad de procurar a los hijos una suficiente instruccin y una educacin conveniente; la de mirar y adoptar providencias para los tiempos de estrechez, enfermedad y vejez. Juan XXIII, en su encclica Mater et Magistra, dice: Una profunda amargura embarga nuestro nimo ante el espectculo inmensamente triste de innumerables trabajadores a los cuales se les da un salario que los somete a ellos y a sus familias a condiciones de vida infrahumana . El Concilio Vaticano II haciendo suyas unas palabras de Juan XXIII en su encclica Mater et Magistra, dice: La remuneracin del trabajo debe ser suficiente para permitir al hombre y a su familia una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual, teniendo presentes el puesto de trabajo y la productividad de cada uno, as como las condiciones de la empresa y el bien comn . Como es fcil apreciar, no es sencillo determinar los lmites del salario ntegramente justo y equitativo. El criterio del salario legal, fijado por el Estado, no es suficiente, y los patronos tendrn que suplirlo con su sentido de la justicia. Lo que nunca se puede olvidar es que mayor derecho tienen el trabajador y su familia al salario, que el capitalista a sus dividendos de beneficios; y que todo beneficio adquirido a costa de la injusta retribucin del trabajo ha de ser considerado como explotacin y riqueza injusta. Sobre sus dueos y sus herederos pesa la incondicional obligacin de la restitucin . Los bienes creados -ha dicho el Cardenal Bueno Monreal en la XXV Semana Social de Espaa- tienen un destino universal para uso del gnero humano. En consecuencia, deben llegar a todos en forma justa y en clima de caridad. No todos los hombres son iguales en lo que toca a la capacidad fsica y a las cualidades intelectuales y morales, pero hay una igualdad fundamental por naturaleza, origen, vocacin y destino. Toda forma de discriminacin en los derechos fundamentales de la persona es contraria al plan divino y ha de ser eliminada . Aunque existen diversidades justas entre los hombres, sin embargo, la igual dignidad de la persona exige que se llegue a una situacin social ms humana y ms justa. Resulta escandaloso el hecho de las excesivas desigualdades econmicas y sociales que se dan entre los miembros o los pueblos de una misma familia humana. Son contrarias a la justicia social, a la equidad, a la dignidad de la persona humana y a la paz social e internacional . Si el padre de familia tiene obligacin de mantenerla, esto supone el derecho de disponer de los medios necesarios para ello . Juan Pablo II en su encclica Laborem exercens dice: Una justa remuneracin por el trabajo de la persona adulta, que tiene responsabilidades de familia, es la que sea suficiente para fundar y mantener dignamente una familia y asegurar su futuro. Tal remuneracin puede hacerse bien sea mediante el llamado salario familiar, es decir, un salario nico dado al cabeza de familia por su trabajo y que sea suficiente para las necesidades de la familia, sin necesidad de hacer asumir a la esposa un trabajo retribuido fuera de casa, bien sea mediante otras medidas sociales, como subsidios familiares o ayudas a la madre que se dedica exclusivamente a la familia; ayudas que deben corresponder a las necesidades efectivas, es decir, al nmero de personas a su cargo durante todo el tiempo en que no est en condiciones de asumir dignamente la responsabilidad de la propia vida. El 1 de mayo de 1991, el Papa Juan Pablo II firm una encclica en el Centenario de la Rerum Novarum de Len XIII. La Rerum Novarum tuvo notable influencia en numerosas reformas introducidas entre los ltimos aos del siglo XIX y los primeros del XX en los sectores de la previsin social, seguros de enfermedad y accidente, pensiones, etc.. Aunque reconoce el Papa que el logro de estas mejoras no slo se ha debido al influjo de la Iglesia. Ya Len XIII en la Rerum Novarum despus de acusar las injusticias sociales de su tiempo vio que el socialismo perjudicaba a quienes pretenda ayudar (n 12). La experiencia de los aos posteriores lo ha confirmado con el hundimiento del marxismo en pases del este europeo, donde muchedumbres eran explotadas y oprimidas por el totalitarismo comunista (n 19). El hundimiento del marxismo empez en Polonia y sigui por el centro y el este de Europa (1989-1990). Ha sido espectacular el fracaso econmico del marxismo. La URSS despus de setenta aos de comunismo no ha conseguido un nivel econmico para el pueblo como se ha conseguido en la Europa occidental. En los pases en que se ha dado una libertad econmica, negada por el comunismo, se ha conseguido un resultado material prspero y, en algunos casos, portentoso; se ha abierto una amplia franja de clase media acomodada; se ha elevado la media de renta per cpita; se han podido, incluso, organizar ayudas a otros pases menos desarrollados. La Confederacin Europea de Sindicatos (CES) en su VII Congreso celebrado en Luxemburgo del 13 al 17 de mayo de 1991, ha dicho de la encclica Centesimus annus del Papa Juan Pablo II :La CES constata que los valores fundamentales y los ideales del movimiento sindical europeo se reencuentran en la nueva encclica. He aqu algunas ideas de esta encclica: La causa del fracaso del marxismo est en su atesmo, el cual hoy sigue presente en el socialismo real. Excluye la trascendencia del hombre, la religin (nms. 12 y 13). El marxismo haba prometido desarraigar del corazn humano la necesidad de Dios, pero los resultados han demostrado que no es posible.... El vaco espiritual provocado por el atesmo ha dejado sin orientacin a las jvenes generaciones (n 24). En el pasado reciente muchos creyentes han buscado un compromiso imposible entre el marxismo y el cristianismo (n 26). Despus de la derrota del comunismo ateo en el este europeo, la solucin no es el capitalismo materialista que no niega a Dios pero lo ignora. Hoy hay un capitalismo salvaje que reduce al hombre a la esfera de lo econmico y a la satisfaccin de las necesidades materiales excluyendo los valores espirituales (n 19). Despus de la cada del socialismo real (en el este europeo) los pases occidentales corren peligro de ver en esa cada la victoria unilateral del propio sistema econmico, y por ello no se preocupen de introducir en l los debidos cambios (n 56). La solucin marxista ha fracasado pero permanecen en el mundo fenmenos de marginacin y explotacin contra los que se alza con firmeza la voz de la Iglesia (n 42). Despus de la cada del totalitarismo comunista asistimos hoy al predominio del ideal democrtico. Pero es necesario que se d a la democracia un autntico y slido fundamento mediante el reconocimiento del derecho a la vida del hijo despus de haber sido concebido, el derecho a vivir en un ambiente moral, el derecho a vivir en la verdad de la propia fe, etc. (n 47). La lucha de clases es inaceptable cuando lo que se busca no es la justicia y el bien general de la sociedad, sino el inters de una parte y la destruccin de la opuesta (n 14). La violencia y el rencor deben vencerse con la justicia (n 17). La paz no es el resultado de la victoria militar, sino la superacin de las causas de la guerra (n 18). Queremos una sociedad en la que los hombres, gracias a su trabajo puedan construir un futuro mejor para s y para sus hijos (n 19). La produccin de bienes y servicios no debe ser el centro de la vida social, ignorando la dimensin tica y religiosa del hombre (n 39). Hay que recordar el deber de la caridad, esto es, el deber de ayudar con lo propio superfluo y a veces con lo necesario para dar al pobre lo indispensable para vivir (n 36). El hombre que se preocupa, slo o prevalentemente, de tener y gozar, incapaz de dominar sus instintos y sus pasiones, y de subordinarlos, mediante la obediencia a la verdad, no puede ser libre. La obediencia a la verdad sobre Dios y sobre el hombre, es la primera condicin de la libertad, que le permite ordenar las propias necesidades, los propios deseos y el modo de satisfacerlos, segn una justa jerarqua de valores de manera que la posesin de las cosas sea para l un medio de crecimiento (n 41). La obligacin de ganar el pan con el sudor de la propia frente supone, al mismo tiempo, un derecho. Una sociedad en la que este derecho se niegue sistemticamente, y las medidas de poltica econmica no permitan a los trabajadores alcanzar niveles satisfactorios de ocupacin, no puede conseguir su legitimacin tica ni la justa paz social (n 43). La empresa no puede considerarse nicamente como una sociedad de capitales; es al mismo tiempo una sociedad de personas (n 43). La regulacin de las relaciones en el seno de las empresas debe establecerse de manera que el trabajador reciba una remuneracin justa, trabaje en condiciones fsicas y morales apropiadas a su salud y dignidad, y reciba el trato debido de quien forma parte de la empresa. La Iglesia no puede abandonar al hombre... Es esto y solamente esto, lo que inspira la doctrina social de la Iglesia (n 54)... La Iglesia conoce el sentido del hombre gracias a la revelacin divina Para conocer al hombre integral hay que conocer a Dios. La Iglesia, cuando anuncia al hombre la salvacin de Dios, contribuye al enriquecimiento de la dignidad del hombre... La Iglesia no puede abandonar nunca esta misin religiosa y trascendente en favor del hombre (n 55). Si no existe una Verdad Trascendente (Dios), con cuya obediencia el hombre conquista su propia identidad, tampoco existe ningn principio seguro que garantice relaciones justas entre los hombres... Triunfa la fuerza del poder, y cada uno tiende a utilizar hasta el extremo los medios de que dispone para imponer su propio inters o la propia opinin, sin respetar los derechos de los dems (n 44) El Estado, o bien el partido...que se erige por encima de todos los valores, no puede tolerar que se sostenga un criterio objetivo del bien y del mal por encima de la voluntad de los gobernantes... Esto explica por qu el totalitarismo trata de destruir la Iglesia o al menos someterla (n 45) . 66,17. En la encclica Laborem exercens dice Juan Pablo II: La experiencia confirma que hay que esforzarse por la revalorizacin social de las funciones maternas, de la fatiga unida a ellas y de la necesidad que tienen los hijos de cuidados, de amor y de afecto para poderse desarrollar como personas responsables, moral y religiosamente maduras, y psicolgicamente equilibradas. Ser un honor para la sociedad hacer posible a la madre, sin obstaculizar su libertad, sin discriminacin psicolgica o prctica, sin dejarle en inferioridad ante sus compaeras, dedicarse al cuidado y a la educacin de los hijos, segn las necesidades diferenciadas de la edad. El abandono obligado de tales tareas, por una ganancia retribuida fuera de casa, es incorrecto desde el punto de vista del bien de la sociedad y de la familia, cuando contradice o hace difcil tales cometidos primarios de la misin materna. El Papa Juan Pablo II, en su discurso al Consejo Pontificio de la Familia, ha propuesto a polticos y empresarios que deben estudiar el modo de que el ama de casa tenga un sueldo para que pueda atender mejor a su labor de educacin y de madre sin tener que recurrir a un trabajo fuera de casa . Es un hecho que en muchas sociedades las mujeres trabajan en casi todos los sectores de la vida. Pero es conveniente que ellas puedan desarrollar plenamente sus funciones segn su propia ndole, sin discriminaciones y sin exclusin de los empleos para los que estn capacitadas, pero sin perjudicar al mismo tiempo sus aspiraciones familiares y el papel especfico que les compete para contribuir al bien de la sociedad junto con el hombre. La verdadera promocin de la mujer exige que el trabajo se estructure de manera que no deba pagar su promocin con el abandono del carcter especfico propio y en perjuicio de la familia en la que como madre tiene un papel insustituible . 66,18. La poltica de rentas, adems de sus aspectos puramente tcnicos, abarca problemas profundamente humanos que suponen la orientacin de toda actividad productiva al servicio del hombre, y, adems, una accin inteligente y enrgica en favor de las categoras sociales ms desheredadas, con el fin de que tambin stas puedan tener acceso a una participacin de la renta cada vez ms justa, en conformidad con las aspiraciones fundadas en la dignidad y en la vocacin de la persona humana . Dice Santo Toms: En toda sociedad bien organizada ha de haber la abundancia de bienes materiales que son necesarios para la prctica de la virtud Bajo esta luz adquieren un significado de relieve particular las numerosas propuestas hechas por expertos en la Doctrina Social Catlica y tambin por el supremo Magisterio de la Iglesia. Son propuestas que se refieren a la copropiedad de los medios de trabajo, a la participacin de los trabajadores en la gestin, y en los beneficios de la empresa, al llamado accionariado del trabajo y otras semejantes . 66,19. La Iglesia exige a los propietarios que, en virtud de la funcin social de los bienes econmicos, den -segn sus posibilidades- al que no tiene lo suficiente para vivir honestamente. Pero tambin exige que el obrero trabaje con nobleza y entusiasmo, para que un aumento en la produccin y una economa floreciente hagan posible una elevacin material y cultural de las clases econmicamente dbiles. ste es el constante anhelo de la Iglesia. Po XII ha repetido una y otra vez que es necesario implantar una ms justa distribucin de la riqueza. Ha llamado a este problema el punto fundamental de la cuestin social y ha pedido a los cristianos que, aunque sea a costa de sacrificios, hagan esfuerzos para que una ms justa distribucin de las riquezas lleve a la prctica la doctrina social de la Iglesia . El acceso de todos a los bienes necesarios para una vida humana -personal y familiar- digna de este nombre, es una primera exigencia de la justicia social . La propiedad privada o un cierto dominio sobre los bienes materiales aseguran a cada cual una zona absolutamente necesaria para su autonoma personal y familiar, y deben ser considerados como una prolongacin de la libertad humana . Pero el derecho a la propiedad privada, adquirida o recibida de modo justo no anula la donacin original de la tierra al conjunto de la humanidad. Pablo VI ha dicho en su encclica Populorum Progressio: La propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razn para reservarse en uso exclusivo lo que supera la propia necesidad, cuando a otros les falta lo necesario . Los bienes creados deben llegar a todos en forma justa, segn la regla de la justicia inseparable de la caridad. Todos los dems derechos, comprendido el de la propiedad, a ello estn subordinados . Tambin es necesaria la solidaridad entre las naciones . Aqu entrara la llamada Deuda Externa, por la cual los pases ricos hacen prstamos a los pases pobres con unos intereses abusivos, con lo cual en lugar de resultar una ayuda para los pases subdesarrollados, resulta para ellos una esclavitud econmica. No les es posible salir del pozo de la pobreza. El arzobispo de Tegucigalpa (Honduras), Oscar Rodrguez Madariaga, dijo en Madrid, en la Sala de Prensa de la Conferencia Episcopal Espaola, que una central elctrica que cost noventa millones de dlares se haban pagado ya por ella doscientos millones sin haber terminado de amortizar la deuda. El Papa Juan Pablo II en su encclica Laborem exercens seala la posicin que los cristianos tenemos ante el denominado sistema capitalista y ante el sistema colectivista: El rgido capitalismo que considera la propiedad y posesin de los bienes materiales como un derecho absoluto de la persona, sin limitaciones, debe ser sometido continuamente a revisin desde la perspectiva de los derechos del hombre en la teora y en la prctica. El sistema colectivista considera que slo el Estado tiene el derecho exclusivo de propiedad sobre los medios de produccin, de los individuos y de la sociedad. Este sistema atenta contra la realizacin de la libertad de los individuos, de las familias, y grupos sociales, y debilita la capacidad creadora del hombre. Para el cristiano, pues, el derecho a poseer bienes econmicos es garanta para su libertad, para organizarse como persona. Y como todo derecho, exige el deber de reconocrselo tambin a todos los hombres de una manera eficaz, distribuyendo la riqueza entre todos . Para que todos los hombres tengan la posibilidad de desarrollarse como persona, es necesario que todas las personas puedan disponer de los bienes materiales en grado suficiente segn el nivel econmico de cada nacin. Por eso es necesaria la justa distribucin de la riqueza . Dios ha destinado la Tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa dirigida por la justicia y acompaada por la caridad... Por tanto el hombre no debe tener las cosas exteriores que legtimamente posee como exclusivamente suyas, sino tambin como comunes, en el sentido de que no le aproveche a l solamente, sino tambin a todos los dems . Dios no quiere, dice Po XII, que algunos tengan riquezas exageradas y que otros se encuentren en tal estrechez que les falte lo necesario para la vida . Es decir, que Dios no quiere el contraste ignominioso entre el lujo derrochador y la miseria. Dios no quiere que haya miseria. Dios ha creado los bienes de la Tierra para todos los hombres y quiere que todos gocen de estos dones de sus manos Por lo tanto no debe haber en el mundo nadie que, si hace lo que est de su parte, no disfrute de los bienes indispensables para sustentar su vida de una manera digna. El problema del hambre en el mundo es problema de distribucin. Mientras en unos pases el pueblo se muere de hambre, en otros se dejan perder las cosechas porque sobran alimentos. Si hay hambre en el mundo es porque se distribuyen mal los alimentos. En 1798 Thomas Robert Malthus, en su Ensayo sobre la poblacin, formul una teora segn la cual mientras que la produccin de alimentos aumentaba de forma aritmtica (1,2,3,4), la poblacin lo haca de modo geomtrico (1,2,4,8); con lo cual llegara un da en que el nmero de personas sera superior al de alimentos. La Historia ha desmentido esta teora, puesto que, aunque la poblacin se ha duplicado seis veces en estos dos siglos, la produccin de alimentos se ha acrecentado mucho ms rpidamente, segn datos de la FAO. En el mundo hay unos 6.000 millones de personas. Y segn un informe de la Asociacin de Productores Agro-Qumicos de Alemania, si se explotara, con la tecnologa actual, toda la superficie cultivable de la Tierra, se podran alimentar, a nivel europeo, 50.000 millones de seres humanos. Es decir, una humanidad diez veces superior a la actual . La misma ONU ha reconocido que el aumento de la poblacin mundial va en retroceso, segn la agencia de noticias ACI del 3 de abril del 2000. La FAO ha dicho que es factible acabar con el hambre en el mundo. Juan Pablo II habla de la solidaridad internacional para el bien comn universal . Y el Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica dice: Las interdependencias humanas se intensifican. Se extienden poco a poco a la tierra entera. La unidad de la familia humana que agrupa a seres que poseen una misma dignidad natural, implica un bien comn universal. ste requiere una organizacin de la comunidad de naciones capaz de proveer a las diferentes necesidades de los hombres . 66,20. Jesucristo tiene en su Evangelio palabras dursimas contra los ricos que no cumplen sus obligaciones sociales: -Apartaos de M, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ngeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer... Estuve desnudo, y no me vestisteis... -Cundo te vimos, Seor...? -Lo que hicisteis con el ms insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicisteis . Jesucristo se identifica con el necesitado. Quiere que el rico trate al necesitado como lo tratara a l en persona. Como ves, las obligaciones de los ricos son gravsimas. Y aunque, gracias a Dios, hay ricos buenos que escuchan la palabra de Jesucristo y consideran a los dems hombres como sus hermanos; pero, desgraciadamente, tambin hay otros muchos ricos malos, apegados a su dinero, que viven como si no conociesen el Evangelio. Por eso dice Jesucristo que es dificilsimo que un rico entre en el reino de los cielos. 66,21. Los obreros tambin tienen obligaciones muy graves: trabajar con empeo, diligencia y fidelidad, no malgastar materiales o energa, cuidar los instrumentos de trabajo, y emplear bien el dinero que ganan. A veces se oye a un obrero quejarse de que no gana lo suficiente. Y, efectivamente, muchas veces tiene razn. Pero ms de una vez se le podra preguntar: - Crees t que el empeo que pones en trabajar merece ms salario? Es cierto que t debes recibir un salario justo. Pero tambin es cierto que para que t puedas en justicia quedarte con un salario, es preciso que lo hayas merecido. A veces se trabaja con tanta negligencia y desgana que difcilmente se justifica la aspiracin a un salario mayor. Pon de tu parte lo que tienes obligacin, y as podrs exigir con justicia lo que se te debe. El de arriba peca si no da un salario justo; pero el de abajo tambin peca si no trabaja lo justo. No se trata, de ninguna manera, de excusar los salarios insuficientes; sino de hacer ver que es necesario trabajar con empeo y diligencia, si se quiere uno hacer acreedor a un salario digno. Es verdad que hay muchos obreros que trabajan con nobleza, pero tambin es verdad que hay otros que hacen lo menos posible. Y estos ltimos se hacen dao a s mismos y a sus compaeros. Para que se pueda elevar el nivel de vida del obrero, es necesario que haya prosperidad econmica. Y para que haya prosperidad econmica es necesario que el trabajo rinda. Los obreros que no rinden lo que deben tienen su parte de culpa en las crisis econmicas. Y en las crisis econmicas salen perdiendo ellos y sus compaeros. Mucho se ha hecho en Espaa ltimamente para elevar el nivel del obrero; pero hay que reconocer que todava no se ha llegado al ideal que quiere la Iglesia. Para llegar a este ideal es necesario que todos los espaoles pongamos lo que est de nuestra parte. Por un lado aumentar la produccin, y por otro distribuir justamente los beneficios de esta produccin. Estos dos factores son los que han de alcanzarnos un bienestar econmico-social. Y los culpables de que no se pueda llegar a este bienestar son reos de un grave pecado contra la justicia social. 66,22. En algunos sitios el trabajo est cronometrado, y, a veces, ciertamente mal tasado, de modo que se le puede ganar muy poco dinero, o para sacar algo se requieren esfuerzos inhumanos. Los responsables de esta injusticia darn tambin cuenta a Dios. Pero otras veces hay obreros que alargan los trabajos sin necesidad y los hacen ms caros deliberadamente. Cada uno dar cuenta a Dios de la injusticia de la que es responsable. 66,23. Todo esto en cuanto a la obligacin de trabajar con diligencia. Pero, adems, es necesario emplear bien el dinero que se gana. No hay derecho a que un hombre no gane lo suficiente para vivir. Pero tampoco hay derecho a que un hombre gaste en vicios, diversiones, caprichos y superfluidades lo que necesita para dar de comer a sus hijos. No hay que crearse necesidades superfluas. Lo primero es lo primero; y antes es comer que pasarlo bien. No es que sea reprensible una diversin discreta, cuando se ha atendido a lo sustancial. Pero gastar en diversiones lo que se necesita para comer, es absurdo y criminal. Adems, para diversiones todo parece poco. El dinero se va solo. Nunca hay bastante. Y as nunca se gana lo suficiente. Por eso, ese ansia de ganar ms y ms. Esforzarse por ganar lo necesario para una vida digna y una diversin decorosa, es justo; pero querer ganar para poder derrochar, es cosa distinta. Es legtimo el deseo de lo necesario; y el trabajar para conseguirlo es un deber. Dice San Pablo: el que no quiere trabajar que no coma . Pero la adquisicin de los bienes temporales puede conducir a la codicia, al deseo de tener cada vez ms y a la tentacin de acrecentar el propio poder. La avaricia de las personas, de las familias y de las naciones puede apoderarse lo mismo de los ms desprovistos que de los ms ricos, y suscitar en los unos y en los otros un materialismo sofocante... Para las naciones, como para las personas, la avaricia es la forma ms evidente de un subdesarrollo moral . La avaricia es un gusano que roe, tanto el corazn del rico como el del pobre; y mientras los hombres slo piensen en enriquecerse ms y ms, por encima de todo, como si esta vida fuera la definitiva, es imposible que haya paz en el mundo. Dios quiere que el hombre tenga lo necesario para vivir, pero no quiere que se apegue demasiado a los bienes de este mundo, que le estorbarn su salvacin eterna. Por eso nos dice Jesucristo: No queris amontonar tesoros para vosotros aqu en la tierra , sino buscad primero el reino de Dios y su justicia... No te olvides nunca que lo principal, lo primero, es salvarte; aunque, como es natural, tambin debes preocuparte de solucionar tu vida en este mundo. Pero sin olvidarte de que la vida eterna es lo primero. 66,24. Ocupan lugar importante para todo hombre en general, y para el cristiano en particular, entre las exigencias de la justicia social, las obligaciones tributarias. Los impuestos justos hay que pagarlos . El Concilio Vaticano II, en la Constitucin Pastoral Gaudium et Spes, enuncia as la doctrina: Entre los deberes cvicos de cada uno est el de aportar a la vida pblica el concurso material y personal requerido por el bien comn . La naturaleza y fundamento moral del deber tributario se desprende de la sociabilidad del hombre. Para vivir con dignidad, progresar y satisfacer las necesidades propias, cada vez ms numerosas con el avance de la civilizacin, el hombre aislado no se basta. Toma proporcionada relevancia el papel de la sociedad. Pero a la obligacin social de suplir las impotencias singulares de los hombres o de los grupos humanos menores, se corresponde el derecho de exigir los medios necesarios para cumplirla. Por otra parte, si en el hombre surge el espontneo y natural derecho de ser ayudado por la sociedad, la correspondiente y necesaria contrapartida, tambin natural, ser la de contribuir en la medida de su capacidad de recursos a los gastos y necesidades sociales. Quedan pues, naturalmente, enraizadas las obligaciones y derechos fiscales, y por tanto vinculando las conciencias, tanto desde la vertiente de la sociedad como desde la del propio hombre individual. El texto evanglico de Mateo y sobre todo el paulino de Romanos lo confirma. Por supuesto que la obligacin y el derecho tributarios, vinculando internamente las conciencias de los hombres, slo proviene de los impuestos justos. De cuatro fuentes mana la justicia o injusticia de un impuesto en particular o la de un concreto sistema tributario en su conjunto: debe establecerse por ley debidamente aprobada, encaminarse a cubrir las finalidades exigidas por el bien comn, no gravar riquezas ni ingresos por debajo del mnimo vital, y regularse en escala progresiva. Respetados estos condicionamientos, el impuesto o sistema fiscal es justo en s mismo u objetivamente. Pero puede suceder que un impuesto justo, al recaer en determinada persona concreta, resulte demasiado gravoso, atendidas las circunstancias individuales, convirtindose subjetivamente en injusto. El anlisis detallado de los condicionamientos que determinan la justicia tributaria exceden, por su extensin, este lugar . El nuevo Ritual de la Penitencia en la segunda de las tres frmulas que aporta para ayudar al examen de conciencia, bajo el nmero 5, se pregunta: He cumplido mis deberes cvicos? He pagado mis tributos? Reconociendo as implcitamente que se trata de una obligacin en conciencia. Se sobreentiende, conforme a lo indicado: He pagado mis tributos justos?. El engao en el pago de los impuestos puede hacer a la nacin impotente para atender las necesidades generales, y resolver los problemas urgentes de los ms deprimidos socialmente. Dos palabras sobre el mal llamado impuesto religioso. Digo mal llamado porque no es un impuesto adicional, sino que de lo que necesariamente hay que pagar a Hacienda, dedicar ocho pesetas de cada mil para las obras de beneficencia de la Iglesia. Conviene poner la cruz en el lugar correspondiente, pues si no se pone la cruz, ese 05% no va a parar a la Iglesia . 66,25. Pecan gravemente contra este mandamiento los hijos que desobedecen a sus padres en cosa grave, y que ellos pueden mandarles; los que les dan disgustos graves; los que les tratan con aspereza, les injurian o desprecian gravemente; los que les insultan, golpean o les levantan la mano con deliberacin y amenaza; los que les desean en serio un mal grave; los que no les socorren en sus necesidades graves, tanto corporales como espirituales: por ejemplo, si no les procuran a tiempo los sacramentos a la hora de la muerte. Pecan tambin gravemente los padres que dan mal ejemplo a sus hijos (blasfemias, etc.), los maldicen, les desean en serio algn mal, o abandonan su instruccin humana y religiosa. Los patronos pecan gravemente si, pudiendo, no dan a sus obreros el salario usto. Pero adems tienen obligacin de no imponer a sus obreros trabajos superiores a sus fuerzas; protegerles, en cuanto sea posible, de los peligros del trabajo, y de respetar en ellos la dignidad de hombre y de cristiano, tratndoles con amabilidad y evitndoles los peligros de pecar. Los obreros pecan gravemente si hacen dao grave a su patrono, ya sea malgastando materiales o energa, ya sea estropeando a propsito instrumentos de trabajo. Si voluntariamente rinden menos de lo debido pueden tambin llegar a pecado grave. Las obligaciones de los patronos y de los obreros estn ms especificadas en el examen de conciencia que te pongo en el Apndice. Reflexiones pedaggicas Lea la pregunta, encuentre la respuesta y transcrbala o copie y pegue su contenido. (Las repuestas debern enviarse -si se quiere obtener el certificado- al finalizar el Seminario de Teologa Moral). Dnde radica la solucin de la llamada Cuestin Social? Transcriba la queja del Papa Po XI en el n. 50 de su encclica Quadragessimo anno? Cmo puede llegar a vencerse la injusticia? Segn el Papa Juan Pablo II qu medios utiliza la liberacin cristiana en las cuestiones sociales? Cul es el fundamento de la Doctrina Social de la Iglesia? Cabe oposicin ante la injusticia? Cundo la autoridad poltica se ejerce legtimamente? Enuncie tres elementos esenciales del Bien Comn. Pueden los cristianos descuidar las tareas temporales? Transcriba las condiciones para alcanzar la paz que recoge la Sollicitudo rei sociales. Qu sucede cuando se intenta barrer a Dios de la vida humana? Segn el Papa Po XII cmo debera ser el salario ideal? Y segn Juan XXIII? Qu dice el Papa Juan Pablo II en su encclica Laborem exercens sobre la justa remuneracin? Por qu la Iglesia conoce el sentido de la existencia del hombre? Qu hay que hacer para conocer al hombre integralmente? Transcriba la visin de la misin materna en la Laborem exercens. Cul es la primera exigencia de la Justicia Social? Transcriba los nn. 22 y 23 de la encclica Populorum progressio Como cristiano qu puede decirse de los sistemas capitalista y colectivista? Enumere algunas obligaciones de los obreros. Qu se puede decir sobre el modo de gastar el sueldo? Qu es la avaricia? Del Ritual de la Penitencia, transcriba la segunda frmula para el examen de conciencia. Enuncie algunos pecados de los hijos que tienen que ver con el cuarto Mandamiento. Enuncie algunos pecados de los padres que tienen que ver con el cuarto Mandamiento. Enuncie algunos pecados de los patronos que tienen que ver con el cuarto Mandamiento. Enuncie algunos pecados de los obreros en sus responsabilidades laborales.  Para tu formacin social y para conocer lo que opina la Iglesia sobre los problemas sociales puede serte muy til el libro de Pedro Vilacreus, S.I.: Orientaciones sociales. Ed. FAX. Madrid.  Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica, n 1941  LECLERCQ: El cristianismo ante el dinero, VII, 3. Ed. Casal i Vall. Andorra  PO XI: Quadragessimo anno, n 50  Evangelio de San Mateo, 7:12  Evangelio de San Juan, 13:34  PO XII en el radiomensaje al Katolikentag de Viena el 14-IX-52  SALVADOR DE MADARIAGA: Dios y los espaoles, 2, 4. Ed. Planeta. Barcelona, 1975  Diario YA del 7-XI-80, pg. 28  Diario YA del 28-XI-80, pg. 28  PEDRO VILACREUS, S.I.: Orientacin Sociales, n 46 y 536-541. Ed. FAX. Madrid. Libro muy til para la formacin social catlica  Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica, n 1947  Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica, n 2420  Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica, n 2423  Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica, n 2442  DOMNEC MEL: Cristianos en la sociedad, I, 3, c.. Ed. Rialp. Madrid. 1999.  DOMNEC MEL: Cristianos en la sociedad, I, 4.. Ed. Rialp. Madrid. 1999.  BARTOLOM SORGE, S.I.: La propuesta social de la Iglesia, 1, I, 3. Ed. BAC. Madrid. 1999.  VON GESTELL, O.P.: La Doctrina Social de la Iglesia, VI, 9. Ed. Herder. Barcelona. Tambin este libro es muy til para la formacin social catlica  PINARD DE LA BOULLAYE, S.I.: La persona de Jess, III,2, nota 7. Ed. Razn y Fe. Madrid  Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica, n 2432  Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitucin sobre la Iglesia en el mundo actual, n 68  JUAN PABLO II: Encclica Laborem exercens, n 20  Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica, n 2435  Libro bsico del creyente hoy, XXXVI, 3s. Ed. PPC. Madrid, 1970  DOMNEC MEL: Cristianos en la sociedad, VI, 6, f. Ed. Rialp. Madrid. 1999.  Libro bsico del creyente hoy, XXXVI, 4. Ed. PPC. Madrid, 1970  Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica, n 2243  Diario YA del 8-I-67  Concilio Vaticano II: Apostolicam Actuositatem: Decreto sobre el Apostolado de los Seglares,n.14  Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica n 2442  Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica n 1922  Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica n 1903  Hechos de los Apstoles, 5:29  Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica n 2242  Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica n 1925  Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica n 1934  Concilio Vaticano II: Gaudium et spes: Constitucin sobre la Iglesia en el mundo actual n10  PABLO VI: Encclica Populorum Progressio Concilio Vaticano II: Gaudium et spes: Constitucin sobre la Iglesia en el mundo actual, n 20  Concilio Vaticano II: Gaudium et spes: Constitucin sobre la Iglesia en el mundo actual, n 34  Concilio Vaticano II: Apostolicam Actuositatem: Decreto sobre el apostolado de los seglares, n5  Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica, n 2246  ANTONIO ARZA, S.I.:Preguntas y respuestas en cristiano, pg.118. Ed. Mensajero. Bilbao.1982  Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica, n 2245  Concilio Vaticano II: Gaudium et spes: Constitucin sobre la Iglesia en el mundo actual, n 43  Concilio Vaticano II: Apostolicam Actuositatem: Decreto sobre el apostolado de los seglares, n7  Concilio Vaticano II: Gaudium et spes: Constitucin sobre la Iglesia en el mundo actual, n 43  Concilio Vaticano II: Gaudium et spes: Constitucin sobre la Iglesia en el mundo actual, n 74  Diario ABC de Madrid del 13-IX-99, pg.34  Diario ABC de Madrid del 28-III-98, pg.72  ZENIT: Boletn del Vaticano en INTERNET, ZS01022208.  Diario ABC de Madrid del 13-IX-99, pg.34  Boletn informativo del Vaticano en INTERNET: Zenit,980324-3  ZENIT. Boletn informativo del Vaticano en INTERNET: ZS99031209  ZENIT. Boletn informativo del Vaticano en INTERNET: ZS99031501  Diario ABC de Madrid del 13-IX-99, pg.34  Diario ABC de Madrid del 14-XI-98, pg.83  James Bogle London EC4. De fidelis@teleline.es  Diario LA RAZN del 5-IX-2001, pg. 36.  ZENIT: Boletn del Vaticano en INTERNET, ZS01022208.  AURELIO FERNNDEZ: Compendio de Teologa Moral, 3, VII,1,2,b. Ed. Palabra. Madrid. 1995 FERNANDO GUERRERO: La Doctrina Social de la Iglesia. Revista SILLAR, 13 ( III-84 ) 75 Libro bsico del creyente hoy : XVI, 2. Ed. PPC. Madrid. 1970  Concilio Vaticano II: Inter mirifica: Decreto sobre los medios de comunicacin social, n 42  JOS LUIS MARTN DESCALZO: Vida y misterio de Jess de Nazaret, 2, VI, 3, d. Ed. Sgueme. Salamanca  Nuevo Catecismo de la Iglesia Catlica, n 2433  Conferencia Episcopal Espaola: sta es nuestra fe, 2, III, 7, 2, 2, d. EDICE. Madrid, 1986  STANLEY JAKI: Ciencia, Fe, Cultura, VII, 5,pg. 181  PO XI: Encclica Divini Redemptoris, n 52  JUAN XXIII: Encclica Mater et Magistra, n 68  Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitucin sobre la Iglesia en el mundo actual, n 67  Libro bsico del creyente hoy, XXXVI, 5. Ed. PPC. Madrid, 1970.  Cardenal BUENO MONREAL en el diario YA del 23-III-66  Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitucin sobre la Iglesia en el mundo actual, n 29  BALTASAR PREZ ARGOS, S.I.: Poltica bsica, 1, III, 4. Ed. Fe Catlica. Madrid.  JUAN PABLO II: Encclica Centesimus annus, n 15  ABC de Madrid del 26-III 94. Pg.77  JUAN PABLO II: Encclica Laborem exercens, n 19  PABLO VI a la XXV Semana Social de Espaa celebrada en Zaragoza en 1966  SANTO TOMS DE AQUINO: De regimine principum, 1, I, XV.  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Madrid, 1982  Diario ABC de Madrid del 28-I-98, pg. 44     PAGE  PAGE 16 EF + - 4 F 0 1 x y   i o :DԸ杏zjjjzzjzzzz`hsbCJOJQJjhCJEHOJQJUh5CJOJQJhCJOJQJhB* CJOJQJphh5B* OJQJphh56B* CJphhB* CJ$OJQJphh0J5B* CJphh0J5CJhsb0J5CJh)jhsbhsbCJOJQJUmH #?###U$V$K%L%M%hUCJOJQJh5CJOJQJjhCJEHOJQJUh6CJOJQJhCJOJQJNS&l=uVy0 q!!#C##X$O% $eh`ea$gdsb $hx`ha$gdsbM%%%g'h'|''0(1(((%,C,..t/}/m0n03366 9 999_:l:C<D<<<<<==@!@DDEEFFFFHH(I)I.I_I`IaIbIhJiJJJKKmLnLLL4M5MNMTMMMNNNNо"jh6CJEHOJQJUh6CJOJQJh5CJOJQJjhCJEHOJQJUhCJOJQJKO%%%&j''4((q*+2-..0q013334j56R78899: $eh`ea$gdsb $hx`ha$gdsb:H<<>@@%BvCDEFFGHcIlJJKKKrL8MMNOHP=QQR $hx`ha$gdsbNOO)PCPDP8Q9QQQzR{R?U@UzXX5Y=YYYYYYYZZ;ZŃ/5BGjVWjrersw|}’ӒhsbCJOJQJh6CJOJQJh5CJOJQJhCJOJQJjhCJEHOJQJUNI݀!4b҄Z,ІI`Z5z $eh`ea$gdsb $hx`ha$gdsbz<t#r*IB`MڙܠBܣ3 eh`egdsb $hx`ha$gdsb!EFڗՙ֙%5F۟ENUc¥ҥܥhi/0+,Ƕ+ƹǹ>hUCJOJQJhsbCJOJQJh5CJOJQJjhCJEHOJQJUhCJOJQJh6CJOJQJJ?5ʹIbU}߾9+rT $eh`ea$gdsb $hx`ha$gdsb>S]lyz'(#."0PQf~$%)=20@Q/0 9PVqBCnoqIJTh6CJOJQJjhCJEHOJQJUhCJOJQJh5CJOJQJR(32s0qE $hx`ha$gdsbEw.qVMnV1]LC hx`hgdsb $eh`ea$gd9 $hx`ha$gdsbT^`a/8:_`235A%&'0abc;KOPKLVf"jh5CJEHOJQJUjhCJEHOJQJUh9CJOJQJ"jh6CJEHOJQJUh6CJOJQJhCJOJQJh5CJOJQJ?CcLP }}0xC $eh`ea$gd9 $hx`ha$gdsbCd6'e4fV2qN) $eh`ea$gd9 $hx`ha$gdsbO_"v h    k   :  & F ^gdsb & F ^`gd9 $I]Ia$gdsb $Gh]Ga$gd9 $eh`ea$gd9 $hx`ha$gdsb        j k     9 : ] ^       W X       E F     <=~01EFEFIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJIJhB* mH *CJOJQJmH *CJOJQJh95;>*CJOJQJ@: ^    X    F   =1FF$a$gdsb 7$8$H$gdsb & F ^gdsb~ ()1LMfgkl ?@`axFGxy +DEF]89W|&'AYZ[hU5CJOJQJhU6CJOJQJhUCJOJQJjhUCJEHUS(Lk?`FxD8&Y]$a$gdsbgdsb]^_  :;klOPfv9:Qb012Er!"9QGHrshU5CJOJQJhU6CJOJQJhUCJOJQJjhUCJEHUS :kO90!Gr@gdsb$a$gdsb@A  M N v w     ! 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